{"id":6564,"date":"2012-09-07T10:00:40","date_gmt":"2012-09-07T09:00:40","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.cervantes.es\/dublin\/?p=6564"},"modified":"2012-09-10T14:05:04","modified_gmt":"2012-09-10T13:05:04","slug":"hielo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.cervantes.es\/dublin\/hielo\/","title":{"rendered":"Hielo"},"content":{"rendered":"<p><strong><a href=\"http:\/\/issuu.com\/patriciagarciacervantes\/docs\/ciudadesliterarias?mode=window&amp;backgroundColor=%23222222\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-medium wp-image-6533 alignleft\" src=\"https:\/\/blogs.cervantes.es\/dublin\/files\/2012\/09\/Ciudades-Literarias1-213x300.jpg\" alt=\"\" width=\"213\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/blogs.cervantes.es\/dublin\/files\/2012\/09\/Ciudades-Literarias1-213x300.jpg 213w, https:\/\/blogs.cervantes.es\/dublin\/files\/2012\/09\/Ciudades-Literarias1.jpg 532w\" sizes=\"(max-width: 213px) 100vw, 213px\" \/><\/a><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"color: #ff0000\"><strong>Hielo<\/strong><\/span><\/p>\n<p><strong><\/strong>Cuando era ni\u00f1o mi hermano mayor, Ernesto, me molestaba inventando relatos. Seg\u00fan \u00e9l, en un pa\u00eds que se llama Groenlandia viv\u00edan mu\u00f1ecos de nieve que no com\u00edan m\u00e1s que empanadas y pasteles de nieve. Tambi\u00e9n me dijo que cuando naci\u00f3 ya ten\u00eda ocho a\u00f1os, y que no hab\u00eda sido un beb\u00e9 como yo. Como Ernesto era unos doce a\u00f1os mayor que yo, a mis ojos era casi un hombre, y por eso tend\u00eda a creerle todo lo que dec\u00eda. Adem\u00e1s, resultaba que algunas de sus historias eran verdad, as\u00ed que yo no pod\u00eda estar nunca seguro de cu\u00e1nto de real hab\u00eda en el mundo extra\u00f1o y maravilloso de sus historias.<\/p>\n<p>Me acuerdo de la primera vez que vi el hielo. Ten\u00eda tres a\u00f1os. Hab\u00eda sido una noche muy fr\u00eda y me levant\u00e9 temprano. Estuve asombrado de ver los cristales de las ventanas cubiertos de una capa de escarcha porque pod\u00eda verse el jard\u00edn transformado en un pa\u00eds reluciente, blanco de maravillas. Pronto estuvo Ernesto a mi lado, explicando que Juan del Hielo hab\u00eda cubierto el mundo de cristal para proteger a todos de envejecer o morir. Le cre\u00ed totalmente, y cuando el hielo se derriti\u00f3, me desilusion\u00e9. Sin embargo, Ernesto tan solo se rio como siempre.<\/p>\n<p>Cuando Ernesto consigui\u00f3 un empleo como camarero en un trasatl\u00e1ntico, me emocionaba pensar en los pa\u00edses extra\u00f1os que Ernesto iba a ver y las historias que podr\u00eda contarme. Seg\u00fan Ernesto, iba a viajar a Am\u00e9rica, un pa\u00eds enorme. Me dijo que en el norte de este pa\u00eds hace tanto fr\u00edo, que la llama de un f\u00f3sforo de un viajero se congelar\u00e1, y no se descongelar\u00e1 hasta que el viajero viaje al sur. En cambio, en el sur de este pa\u00eds, hace tanto calor que las personas que quieren charlar tienen que chupar cubitos de hielo para evitar que sus palabras se incendien cuando hablan. El centro del pa\u00eds es el mejor lugar para establecerse, me dijo, y all\u00ed construir\u00eda su casa cuando hubiera hecho fortuna. Prometi\u00f3 traerme un recuerdo de su viaje.<\/p>\n<p>Cuando tuvimos noticias de que el buque de Ernesto hab\u00eda chocado con un iceberg, todav\u00eda esperaba que Ernesto volviera a la casa con historias maravillosas de su salvaci\u00f3n milagrosa. Cuando recibimos notificaci\u00f3n oficial de su muerte despu\u00e9s de cuatro d\u00edas, el hielo agarr\u00f3 mi coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Comprend\u00ed entonces que el mundo no es un lugar maravilloso, como en las historias de Ernesto, sino un lugar fr\u00edo y peligroso. Volv\u00ed la espalda a historias idiotas, y desde entonces me ocup\u00e9 de los hechos duros de la vida.<\/p>\n<p>He encontrado un enfoque \u00fatil a la vida. Dos guerras mundiales han confirmado mi punto de vista, y he forjado una carrera exitosa como investigador para una compa\u00f1\u00eda de seguros. Ahora tengo familia propia. Anteanoche mi hijo m\u00e1s joven vio la nieve por primera vez. Se emocion\u00f3. Iba decirle que la nieve es simplemente agua congelada. Sin embargo, en vez de eso, me o\u00ed decir que los copos de nieve son la comida de los mu\u00f1ecos de nieve. Y sent\u00ed un parpadeo, como una llama, adentro.<\/p>\n<p><strong>Stephen McFadden<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n pod\u00e9is <a title=\"Abre nueva ventana \/ Open new window\" href=\"http:\/\/issuu.com\/patriciagarciacervantes\/docs\/ciudadesliterarias\" target=\"_blank\">leer o descargar la revista editada con todos los cuentos en Issuu.<\/a><\/p>\n<p>Por cierto, <a title=\"Abre nueva ventana \/ Open new window\" href=\"http:\/\/dublin.cervantes.es\/en\/courses_spanish\/special_courses_spanish\/special_courses_spanish.htm\" target=\"_blank\">\u00a1nuestro nuevo curso comienza ya!<\/a>\u00a0\u00bfTe apuntas?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hielo Cuando era ni\u00f1o mi hermano mayor, Ernesto, me molestaba inventando relatos. Seg\u00fan \u00e9l, en un pa\u00eds que se llama Groenlandia viv\u00edan mu\u00f1ecos de nieve que no com\u00edan m\u00e1s que empanadas y pasteles de nieve. Tambi\u00e9n me dijo que cuando naci\u00f3 ya ten\u00eda ocho a\u00f1os, y que no hab\u00eda sido un beb\u00e9 como yo. Como [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":28,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[51,9,23],"tags":[158,9,556,23,403],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.cervantes.es\/dublin\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6564"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.cervantes.es\/dublin\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.cervantes.es\/dublin\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.cervantes.es\/dublin\/wp-json\/wp\/v2\/users\/28"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.cervantes.es\/dublin\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6564"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blogs.cervantes.es\/dublin\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6564\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6566,"href":"https:\/\/blogs.cervantes.es\/dublin\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6564\/revisions\/6566"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.cervantes.es\/dublin\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6564"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.cervantes.es\/dublin\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6564"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.cervantes.es\/dublin\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6564"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}