{"id":554,"date":"2010-04-09T17:41:36","date_gmt":"2010-04-09T17:41:36","guid":{"rendered":"http:\/\/institutocervanteslondon.wordpress.com\/?p=554"},"modified":"2010-04-09T17:41:36","modified_gmt":"2010-04-09T17:41:36","slug":"el-quijote-en-mi-vida-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.cervantes.es\/londres\/2010\/04\/09\/el-quijote-en-mi-vida-2\/","title":{"rendered":"El Quijote en mi vida"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignleft\" src=\"http:\/\/londres.cervantes.es\/imagenes\/Image\/quijote_red.JPG\" alt=\"\" width=\"160\" height=\"115\" \/>El abuelito Franz naci\u00f3 en 1920\u00a0 que dio la casualidad que en el apogeo de su juventud\u00a0 coincidi\u00f3 con el amanecer de la segunda Guerra mundial. Como todos los varones fornidos en Alemania en este\u00a0 tiempo, Franz tuvo que alistarse en el ej\u00e9rcito y le mandaron- a la compa\u00f1\u00eda de un pu\u00f1al de chavales de acero- a alguna esquina dejada de la mano de Dios en Rusia.<\/p>\n<p>Fue el lugar que quedaba reservado para los que solo aprobaron su ingreso en el ej\u00e9rcito porque eran compinches o primos de los oficiales examinadores. Mientras su futura esposa bailaba con los soldados franceses, a despecho inocente de que era t\u00e9cnicamente la s\u00fabdita de Francia, Franz tirit\u00f3, solitario, bajo una manta fina, inepta en la lucha contra el invierno violento.<\/p>\n<p>Tras 65 a\u00f1os, una vida llenita, noches bajo un edred\u00f3n ahuecado por las manos cari\u00f1osos de la abuelita Erika, el nacimiento de dos ni\u00f1os y una nieta (yo), Franz cuenta con orgullo como \u00e9l, como \u00fanico de su partido, sobrevivi\u00f3 el invierno y recibi\u00f3 una medalla helada por su \u00e9xito. La medalla queda escurridiza, y como me susurra la abuelita, Franz fue despachado a casa al cabo de tres meses por un accidente chiripa, en el cual una astilla de granada lo hizo medio sordo.<\/p>\n<p>Franz vigila al mundo desde su silla de ruedas delante de la ventana, pero no mira la escena id\u00edlica que le presenta la aldea pintoresca afuera, sino que observa lo que ocurra desde un espejo, expectante de que un esp\u00eda ruso podr\u00eda entrar por la puerta y atacarle por la espalda. As\u00ed pasa su tiempo, apretando a su espejo, convencido de un agredido, y a veces me grita \u201c\u00a1Comandante!\u201d cuando Erika entra el cuarto, cierto de que ha llegado por fin el esp\u00eda ruso con su escuadr\u00f3n siguiendo cerca detr\u00e1s. La abuelita Erika lo reprende, pero Franz le mira con desconfianza todo el d\u00eda y rechaza todo tipo de alimentaci\u00f3n, sospecha de que sea envenenado.<\/p>\n<p>Cuando yo era chiquita, Franz cri\u00f3 a conejos magn\u00edficos con pelo de nieve, y ojos rojos que me parec\u00edan como dos c\u00edrculos aterradores de fuego. Mi abuelo ten\u00eda la costumbre de caminar sigilosamente hasta la jaula y abrir, en secreto, las puertas que encarcelaron a los conejos. Como cr\u00eda, yo me arrastr\u00e9 detr\u00e1s de \u00e9l con la certidumbre de que \u00e9ramos parte de una misi\u00f3n de suma importancia. Dentro poco tiempo, se o\u00edan los gritos enfadados de la abuelita Erika, y Franz me jalaba: ten\u00edamos que irnos de prisa, sino los rusos tambi\u00e9n nos tomaran prisioneros, como lo hac\u00edan a sus compa\u00f1eros. Mir\u00e1bamos, apretados al suelo, como el comandante de las tropas rusas, enojado de que los conejos hab\u00edan pisoteado sus flores, los atrap\u00f3 de nuevo en la jaula.\u00a0<\/p>\n<p>Con edad, Franz se escapa m\u00e1s y m\u00e1s en el mundo aventuroso de su imaginaci\u00f3n, y, aunque f\u00edsicamente est\u00e1 encadenado a su silla de ruedas, estoy segura de que, en su mente, corre muchos kil\u00f3metros, y que este es el secreto de su supervivencia.\u00a0<\/p>\n<p>Priska K.<br \/>\nBarton Court Grammar School<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El abuelito Franz naci\u00f3 en 1920\u00a0 que dio la casualidad que en el apogeo de su juventud\u00a0 coincidi\u00f3 con el amanecer de la segunda Guerra mundial. 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