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Don Quijote en mi vida

Yo conozco alguien que me recuerda de Don Quijote. Pero este hombre no es un personaje adorable y juguetón. Este hombre fue consumido por sus fantasías. Su historia no termina en triunfo, sino en tragedia.

Aburrido con su propia vida, mi Don Quijote pasaba horas y horas leyendo en su dormitorio, escapando a un mundo lleno de magia. Mi Don Quijote se considera como un héroe, que estaba destinado a salvar el género humano.

Emprendía varias búsquedas imaginarias, los que siempre terminaba en mucha confusión por parte de la “víctima”. Pero mi Don Quijote estaba convencido que había prevenido su muerte segura. Y después de que hubiera conseguido su objetivo, yo siempre le felicitaba. Le aseguraba que aunque nadie más le entienda, yo siempre sería su aficionado.

Una vez – según mi Don – hubo una conspiración de los duendes, que pensaba mi Don terminaría en la matanza de numerosas personas. Entró en la oficina que (en su mente) estaba bajo ataque  y manejó evacuar el personal entero. “Que suerte,” pensó mi Don. “Si yo no hubiera llegado, iya no existiría en Bournemouth la sucursal de Lloyds Tsb! Por fin recibiré gracias por mi heroísmo.”

Desafortunadamente lo único que recibía fue una advertencia de la policía, y una prohibición de Lloyds Tsb. No obstante que, mayoritariamente, sus “búsquedas” eran inofensivas. Quizás sean irritantes, pero no creía que pudieran ser peligrosas. Hasta eso día…

Estaba trabajando como siempre cuando entró de sopetón en la habitación, mascullando en un tono preocupado.

“¿Qué pasa?” le pregunté. “¿Los duendes están invadiendo otra vez? iPensé que los había derrocado!”
“No, no, no… es algo mucho peor.” murmuró. “Los dragones.”
“Los dragones.” repetí sin convicción. “¿Estás seguro?”
“iClaro que estoy seguro! ¿No puedes verlos? iTenemos que salir, ahora mismo!”
“Bien, bien…” refunfuñé, molestada. Le proseguí a regañadientes.

Cuando habíamos salido del edificio, empezó a correr. Corrimos y corrimos, hasta que llegamos a un acantilado. El miedo me asaltó. 

“Hemos escapado, estamos seguros, ieres un héroe! Bien, no acércate al borde, es peligroso.” le avisé.
“Tienes razón, es peligroso aquí,” dijo lentamente. “iHay que huir!
“Adónde!” grité, exasperada. “iSi hubiera dragones por todas partes, no podríamos huir!”
“Si, podemos,” anunció triunfalmente. “Saltaremos, y nadaremos a la seguridad.”
“iSi saltáramos, moriríamos! iHay las rocas por todas partes! iEstás loco!”

Su sonrisa idiota desapareció.

“¿Que estoy loco? iSoy la persona mas cuerda en el mundo! iPuedo ver todos los horrores de este mundo terrible! iEl mundo es ignorante!” Echó un vistazo alrededor. “No puedo esperarte. Buena suerte con este mundo loco. Adiós.” Se dio la vuelta y saltó.

Con eso termina la historia de mi Don Quijote. Quizás fuera loco, quizás fuera estúpido. Pero sobre todo creo que fue un cobarde. Es verdad que este mundo está lleno de horrores. Pero preferiría aguantar con los horrores cotidianos que inventar los horrores de fantasía. Mi Don los escapó, pero los demás de nosotros… tenemos que encontrar lo bueno de la vida, algo que mi Don no vio nunca.
 
Megan J.
Brockenhurst College

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