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Entrevista con Manuel Rivas

El 26 de April de 2012 en Library, Literature por | Sin comentarios

Manuel Rivas: La palabra es un pan hecho de luz y de sombra

Manuel Rivas

Entrevista con Manuel Rivas realizada el 26 de abril de 2012 en la Biblioteca Dámaso Alonso del Instituto Cervantes de Dublín con motivo de su participación en el coloquio “Encuentro con Manuel Rivas”.

Manuel Rivas (A Coruña, 1957) es escritor, poeta, ensayista y periodista. Algunas de sus obras han sido llevadas a la gran pantalla, siendo una de las más conocidas La lengua de las mariposas, basada en tres de los relatos del libro ¿Qué me quieres amor? (1996), con el que recibió el Premio Nacional de Narrativa. O Lápis do Carpinteiro, Premio de la Crítica española, ha sido publicada en nueve países y es, hasta hoy, la obra más traducida de la historia de la lengua gallega, lengua en la que escribe habitualmente. También han sido traducidos al inglés En salvaje compañía (In the Wilderness) y Los libros arden mal (Books Burn Badly), Premio Nacional de la Crítica en gallego. Con Todo es silencio (2010), quedó finalista en el Premio Hammett de novela negra. Su última novela, Las voces bajas, fue publicada en 2012.

Alfonso Fernández Cid: —Manuel, en La lengua de las mariposas, su primera obra adaptada al cine, el protagonista es un niño que tiene cierto miedo el primer día de colegio. ¿Recuerda cómo fue esa etapa en su vida?

Manuel Rivas: —La primera escuela era una especie de guardería y yo era muy pequeño, empezaba a hablar. Iba con mi hermana que era algo mayor. Nos llevó mi madre, que tenía que trabajar. Lo que recuerdo es que llevaba una cartera de plástico y que éramos tantos niños que no había dónde sentarse. Entonces, una de las dos hermanas que llevaban, con buena intención, aquella especie de reserva o almacén de niños, me sentó encima de una maleta. Y allí pasé un año, sentado en una maleta, quieto. Fue una especie de premonición, eso de la estirpe de emigrante. Estuve sentado allí, con mi cartera, y un día abrí la cartera y descubrí que estaba vacía.

Alfonso Fernández Cid: —Continuando con sus recuerdos, ¿recuerda cómo empezó a escribir?

Manuel Rivas: —Es un proceso. Creo que no hay un día en que te levantas y dices «soy escritor». Empecé a escribir muy pronto, pero eran notas que hacía en cuadernos. Yo las llamaba poemas. Incluso hay una anécdota de un padrino mío que tenía una pequeña máquina de escribir y me animó algún día a escribir. Como era una máquina de hacer facturas, tenía un carro pequeño. Entonces me dije yo: «será mejor hacer poesías». Esa era la idea que tenía yo de las poesías. En todo caso, estamos hablando de juegos con las palabras.

Realmente, si tuviera que situar un momento inicial, yo creo que tiene que ver con el escuchar. Para mí es la primera herramienta, tanto del escritor como del periodista. Si tuviera que decir dónde nació el escritor, sería en un lugar de escucha que era una escalera en casa de mis abuelos maternos, una casa campesina en Galicia. Era la escalera donde uno se escondía cuando lo mandaban para la cama. Y en aquella especie de túnel ascendente de madera, uno se quedaba arrinconado, escondido, y llegaban, subiendo los peldaños de la escalera, los relatos que contaban los mayores.

Hablaba Álvaro Cunqueiro de un tipo de marineros que tenían ese nombre, os escoitas, porque eran personas que entendían el lenguaje del mar. En aquel tiempo en que no había pronósticos tan avanzados, podían anticipar las tormentas por los signos, por los rumores que enviaba el mar. Tenían ese nombre, «los escuchas», os escoitas, y se decía que tenían una oreja más grande que otra. A mí me parece que el escritor también tiene que tener algo así como una oreja, una caracola más grande que otra.

Alfonso Fernández Cid: —Siempre ha sentido pasión por el periodismo, ¿cree que todavía existe ese vínculo tan fuerte entre el periodismo y la literatura?

Manuel Rivas: —Sí. Es muy grande el número de personas que ha compartido esa condición de periodista y escritor. Creo que puede ser bueno para el escritor tener esas antenas, esa toma de tierra que es obligado que tenga el periodista, ese principio de realidad activado. También para el periodista es necesario, yo creo, tener una voluntad de estilo a la hora de escribir.

Alfonso Fernández Cid: —Y como escritor, ¿tiene alguna rutina, alguna costumbre a la hora de escribir?

Manuel Rivas: —No, soy muy poco metódico. Creo que escribir es un combate. Nuestro cuerpo es un escenario en el que lucha la energía alternativa, que es la que siempre te hace escribir y salir de los momentos de desánimo, y esa energía erótica, esa fuerza del deseo, a veces tiene que pelearse con eso que llamaríamos Tánatos.

Alfonso Fernández Cid: —En su obra hay varios géneros literarios. ¿Siente predilección por alguno en especial?

Manuel Rivas: —Yo lo representaría con la imagen de los círculos concéntricos. El tema «géneros» se presta a una reflexión teórica, a una necesidad de clasificación. Pero al fin y al cabo, lo que existe es la boca de la literatura. Existe o no existe, y uno lo puede encontrar en diferentes formas. Pero es verdad que puede haber relatos muy poéticos donde vibra la poesía, y puede haber textos que se presenten como literarios en los que realmente no notamos esa vibración, ese aliento: no vemos que se abra la boca de la literatura. A veces esa boca, la boca de la literatura, se abre en la vida: en un autobús, en una conversación de taberna, en una charla o en una discusión ocasional.

Creo que el núcleo de la literatura sería un núcleo poético, el primer círculo, la expresión que alcanza lo que llamaríamos «la zona secreta del ser humano», una necesidad de expresar el reverso enigmático del espejo. Por eso creo que una forma de detectar lo que es literatura es que al mismo tiempo que desvela, al mismo tiempo que trabaja con la luz, también crea un nuevo enigma, un nuevo secreto. Se parecería mucho a lo que es una cámara oscura. En este caso, el equivalente a la luz que entra por el pequeño orificio y que se transforma, en lucha con la sombra, con la oscuridad, serían las palabras. La palabra es un pan hecho de luz y de sombra.

Alfonso Fernández Cid: —¿En qué idioma se siente más cómodo al escribir?

Manuel Rivas: —Empecé a escribir literatura en gallego. Gran parte de mi obra la sigo escribiendo en gallego. Es un primer amor y me siento bien, pero también es verdad que la relación entre las lenguas es una relación no de pugna, no de exclusión. Cuando eso se plantea, no tiene nada que ver con las palabras ni con las lenguas. Obedece a otro tipo de manipulación. Realmente, las lenguas lo que quieren es abrazarse. Yo siento que me gustaría escribir en muchas lenguas. Pero al final, lo que también es verdad es que uno tiene que alcanzar una lengua propia, escriba en gallego, en castellano o en inuit.

Decía Marcel Proust que lo ideal sería que uno al escribir tuviese la sensación de escribir en una lengua desconocida, como en una lengua extranjera. Al fin y al cabo, el propósito al escribir es que algo que antes no existía esté ahí, como una especie nueva, aunque sea algo parecido a una ortiga que crece en un puñado de tierra.

Alfonso Fernández Cid: —Tu última obra, Todo es silencio, se estructura en dos partes, el «Silencio amigo» y el «Silencio mudo». Creo que los amantes de Rosalía de Castro están encantados con este guiño.

Manuel Rivas: —Sí, el «silencio mudo» es una expresión que aparece en un poema de Rosalía de Follas novas. «Todo é silencio mudo, soidá e dolor…» Hay más tipos de silencio. Podríamos ir incluso al matiz. Pero fundamentalmente, hay un silencio amigo que es un silencio fértil, el silencio, por ejemplo, que corresponde a cada nota musical, una nota de silencio. Es un silencio que te ayuda, ayuda a fermentar, un silencio creativo. Por otra parte, esto está en el humus de la creación literaria.

Pero el contrapunto sería el silencio justamente que lo que hace no es ayudar a nacer, que no es fértil, sino que es un silencio impuesto, el silencio imperativo. Estoy acordándome ahora de una frase que escribía un inquisidor que en los Andes ordenó cortar las orejas a un indio. Es una frase que a mí me parece tremenda, de una precisión tremenda, porque decía: «No era dócil al imperio de mi voz». Creo que el silencio mudo es eso, el silencio del poder totalitario, del poder que pretende no solo el control de la sociedad, de la riqueza, sino el control de las personas, el control de las mentes.

En la novela se repite como una letanía, un salmo bíblico donde se expresa muy bien, el salmo 135, que dice: «Los ídolos de los pueblos son de plata y oro. Tienen boca y no hablan; tienen ojos y no ven; tienen oídos y no oyen». Me parece que es un salmo muy moderno.

Alfonso Fernández Cid: —¿Cómo fue el proceso de elaboración de esta obra? Porque en un principio, había sido sugerida por José Luis Cuerda para llevarla al cine.

Manuel Rivas: —Fue un proceso híbrido. Algunas veces, gente del cine me comentaba la posibilidad de que hiciese un guión. Yo estaba trabajando en una novela que equivale básicamente a la primera parte de lo que hoy es Todo es silencio, la parte de la infancia y la juventud de los personajes. Entonces volvió a surgir esta posibilidad de hacer un guión. El desafío se impuso y trabajé durante un tiempo en un guión que sería un boceto, un preguión, porque no me convencía. Me dije que tenía que acabar la novela.

Recuerdo en este sentido un prólogo de El tercer hombre donde Graham Green dice que sin un texto literario no puede existir un guión. Creo que es así. Hoy estoy más convencido que nunca. Es decir, si no hubiera hecho la novela, no habría podido nacer el guión.

Alfonso Fernández Cid: —Sin embargo, un número considerable de sus obras se han llevado al cine. ¿Está contento con el resultado?

Manuel Rivas: —Admiro mucho el cine, porque además es un trabajo casi heroico, y más en estos tiempos. Un trabajo que requiere medios, que es de realización compleja, que se hace en equipo… El trabajo de escribir no es exactamente un trabajo solitario, porque después, o eres un cuerpo abierto en el que convive mucha gente, o no eres escritor. Son procesos muy diferentes, ventanas diferentes, a veces a un mismo paisaje. Yo hoy, si tuviese que elegir, elegiría ese trabajo que puedes hacer simplemente con un lápiz y un papel.

En todo caso, es absurdo poner a competir medios de expresión complementarios, porque fuimos una generación acunada por el cine. Yo encuentro en muchas películas también eso que llamamos poesía. Cuando escribí «La lengua de las mariposas», por ejemplo, yo nunca pensé que fuera a ir al cine. Pero ahora, cuando la veo, veo muy bien reflejado ese mundo. Yo creo que hay una relación más erótica que de competencia, como a veces se establece.

Alfonso Fernández Cid: —Para terminar, Manuel, ¿cuándo sientes morriña?

Manuel Rivas: —Yo creo que esa sensación de tener una nostalgia por algo que has deseado, o que deseas, o que has perdido, es bastante común. La morriña y la saudade es algo universal. Quizás lo que más puede en mí, no es tanto una nostalgia por el pasado, sino una nostalgia por el porvenir. Así que teño morriña do porvir.

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