La palabra y el silencio

En este cuarto volumen del Curso de literatura y escritura creativa en el Instituto Cervantes de Dublín os presentamos una selección que los alumnos han realizado de su trabajo, incluyendo sus propias fotografías en algunos textos.

El tema de este curso ha sido el lenguaje, y para ello hemos comenzado con un debate: ¿acaso el lenguaje define al hombre, como defiende el artículo “El hombre se posee en la medida que posee su lengua” (1967) de Pedro Salinas?

Después nos hemos topado con el extraño idioma de la familia Albert en “La ventana del jardín” (Cristina Fernández Cubas, 1980), mientras para la sesión de Halloween, el microrrelato de David Roas nos alertaba del peligro de leer “Demasiada literatura” (2007). Tras ver el corto “Lo que tú quieras oír” (Guillermo Zapata, 2005), hemos jugado con la versatilidad del lenguaje.

Hemos buscado estrategias para afrontar el olvido de las palabras durante la peste del insomnio en el capítulo tercero de Cien años de soledad (Gabriel García Márquez, 1967) y hemos vivido con angustia el cruce esquizofrénico de términos en “Venco a la molinera” (1998), Félix J. Palma.

En poesía, Chantal Maillard nos ha recordado con el poema “Escribir” (2004) por qué y para qué se escribe y como no hay palabra sin silencio, hemos leído y escuchado de la mano de Paco Ibáñez el poema “En el principio” (1955), de Blas de Otero.

De nuevo, si hay frases con un tinte algo exótico es porque las editoras, Carmen San Julián, Vicky Puche y Patricia García, hemos decidido modificar lo menos posible el estilo de cada autor.

Esperamos que disfrutéis leyendo estas palabras tanto como los alumnos lo han hecho escribiéndolas.

Patricia García (profesora del curso)

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Odisea

Odisea

¡Atención! ¡Atención! Última llamada para los pasajeros con destino a Vladivostok del vuelo TOPO001. Los señores Vladimir, León y Joseph deben dirigirse inmediatamente a la puerta 10.

En el interior del Airbus 380, Ulises está leyendo la revista de la compañía aérea. Se fija en el mapa del mundo al final de la publicación. ¡Anda, el mundo! Podría quedarse frente las páginas las próximas trece horas, durante todo el vuelo de Paris hasta Vladivostok.

Sea lo que sea, Vladivostok no suena como un destino tradicional. Es cuanto menos un poco extraña, centro administrativo del Krai de Primorie, ciudad cerrada a los extranjeros durante el periodo soviético por ser la sede de la Flota del Pacífico de la armada. Sin embargo, su aislamiento debe llamar la atención a cierto tipo de turistas; los más destacados. Aunque a Ulises le guste esta razón, su decisión es más trivial: el trabajo, a causa de una reunión de los países de la APEC.

De repente, frente a este mapa, imagina un viaje con etapas donde se sienten cosas particulares, esenciales para escribir un cuento.

Primero, su ciudad París donde tantos viajeros, inmigrantes y artistas intentan describir, robar o violar su intimidad. Esta ciudad tiene credibilidad para crear vínculos entre sus visitantes y la imaginación colectiva. Por ejemplo, referirse a la torre Eiffel, Notre Dame de Paris o el Moulin Rouge ayuda a dar contenido, prestar atención a un acontecimiento e inspirar a un escritor.

Por otro lado, Nueva York representa el cambio continuo, una ciudad joven donde cambiar forma parte de su identidad. Quizás entrar no es tan fácil, pero luego el espíritu libre y empresarial, subraya la relevancia de su papel en un viaje iniciático.

Organizada, ¿qué ciudad le parece a Ulises que nunca se perdería en ella? Sin duda, San Petersburgo, gracias a las descripciones minuciosas de Dostoievski que ayudan a todos a moverse en la ciudad museo.

Roma, que representa la fuente de nuestro lenguaje y gramática. Existe una batalla invisible con Atenas para ajustar las dos culturas y saber lo más importante sobre la cultura occidental. Atenas tiene la ventaja de los siglos mientras Roma, la del tiempo.

Además, Babilonia tiene la Historia con una H mayúscula. Esta ciudad-imperio del siglo XIX antes de Cristo es el emblema del desarrollo de la civilización mesopotámica. Hasta ahora, esta ciudad tiene una de las Siete maravillas del mundo, los Jardines Colgantes, fuente de inspiración de los escritores de sagas históricas.

No es posible hablar de Historia sin Geografía. Así Ciudad del Cabo tiene una ubicación particular, no como el punto más meridional del continente africano (es el Cabo de las Agujas) sino como el encuentro del viento, sol y océano con las montañas. Se la conoce como la ciudad de las cuatro estaciones en menos de un día.

Hasta este punto, todas las ciudades de Ulises tienen algo particular, pero la que más le intriga es Ángor, que significa ciudad en sánscrito. Agrupa numerosos templos (hay contabilizados un total de 910 monumentos) en la selva, algunos comidos por la naturaleza. Ciertamente, da en el blanco al describirla como la ciudad más intrigante.

Aparentemente, la ciudad de Ushuaia tiene la particularidad de ser fácil de recordar. Permanece en la mente como un fantasma fonético, como sinónimo de las aventuras de los marineros.

Finalmente, Ulises, sudando, se despierta frente a una página en blanco con el título: “características básicas de un buen libro”.

Nota de la autora: En este texto cada ciudad representa un elemento crucial de un buen libro. Estos son credibilidad, relevancia, organización, lenguaje, gramática, Historia, Geografía, que llame la atención y que sea fácil de recordar.

Agnès Girod

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La muerte, qué trampa

La muerte, qué trampa

Hoy debo morir. Yo, una persona adorada, cuyos seguidores se calculan por miles, millones, si nos creemos la última encuesta o al menos los encuentros organizados en los últimos meses. Yo no tengo miedo. El miedo es una emoción que rechazo, y frente al que he luchado desde mi infancia.

Vale, una infancia tan importante, cuando este niño ha experimentado esta atracción cada vez más fuerte por los debates sociales. Durante los desayunos familiares del domingo, había excitación cuando lentamente las discusiones se dirigían hacia el presidente, el primer ministro o cualquier hombre político. Así, mi familia, tan tranquila y pacífica, se transformaba en monstruo o más bien en dragón escupiendo fuego. Este era mi momento favorito de la semana. Con el tiempo, me sentía más y más seguro de hablar con los adultos, y de ejercer este debate dialéctico.

Rápidamente llegó el momento de la universidad y de los primeros compromisos políticos. La vida no era tan fácil: elegir entre una ruptura con mi entorno familiar o simplemente seguir la doctrina familiar. Así que tomé la tarjeta de un partido político y sin darme cuenta me convertí en un protegido de uno de los líderes nacionales. Pude muy rápidamente presentarme a las elecciones locales, en seguida regionales. Me convertí en uno de los líderes más jóvenes de mi partido. Así me comprometí a alcanzar la posición final: ser presidente de este partido. Fue una ruta difícil y exigente, sin embargo alcancé esta meta por un deseo de cohesionar mi país.

¿Y cuál va a ser mi próxima meta? Por supuesto, hay muchos momentos de duda en mi carrera política y en particular para mantenerme fiel a mis ideales. De repente, tenía solo una idea en la mente, ser el presidente de la República. Otra elección tengo delante, cientos de viajes, dar la mano a desconocidos siempre más numerosos, y sobre todo conseguir una vida personal. El sacrificio de una elección son los seres más queridos.

Finalmente, aquí estoy, son las 19:59 y en menos de un minuto, la gente hablará. El final está cerca, mi muerte o mi resurrección.

Agnès Girod


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Un fin de semana

Un fin de semana

Sentada frente a mi escritorio, el teléfono empieza a sonar. El número de una amiga aparece, me decido a descolgarlo. Desde que los cursos se han terminado hace varios meses, nuestras reuniones son menos frecuentes, yo vuelvo a París y ella a la comarca de Montpellier. Lo primero que me llama la atención es el regreso de su acento sureño, cantando, silbando y quebradizo. Al contrario, mi voz, y en particular su ritmo parece pálido, le falta este tipo de energía. Nuestra conversación desemboca en una acción simple, impulsiva y loca: me tengo que ir a comprar un billete de tren y bajar este fin de semana a Montpellier. Escapo del calor sofocante del verano parisino para el mediterráneo. Más tarde, reservado el billete, me vuelvo al día siguiente a la estación de Lyon en París, que conecta con todo el sureste de Francia, no solo con las ciudades de Lyon o Ginebra, también con Marsella y por supuesto, Montpellier.

Tres horas y quince minutos después, mi tren entra en la estación de Montpellier. Tengo que salir de la estación para ir a encontrarme con mi amiga. Lo primero que me sorprende son los colores naranja y ocre de las casas de los alrededores de esta estación sin alma. Encantada de ver una cara familiar, salto en la pequeña AX y la beso cuatro veces como hacen los habitantes del Sur. Primera etapa: la famosa Plaza de la Comedia. Sin embargo, pasamos por las casas en ruinas, cansada de arrojar algo de mi alegría. Al llegar, entiendo mejor el orgullo de los habitantes de esta ciudad, no solo como centro administrativo romano sino como una región vitícola. Una segunda desilusión: una cosa que echo de menos enormemente, el mar mediterráneo, se ubica a más de diez kilómetros de la ciudad. En resumen, de nuevo vamos a coger el coche para llegar al objeto de mi deseo veraneante: el mar.

Siento que el objetivo secreto de este viaje era buscar el mar, sin duda un mar casi cerrado pero con un milenio de historia. Más de una docena de kilómetros para llegar a Palavas les Flots, la playa de Montpellier. Aunque el viaje me parece durar una eternidad, la presencia de mi amiga me tranquiliza, atenúo la ansiedad. Aquí estamos, ahora veo la línea azul en el horizonte. El mar, el mar, el mar. Como una niña, quiero nadar y envolverme en su agua caliente. De repente, mi primera experiencia con el mar mediterráneo me recuerda el océano atlántico, su fuerza, su frialdad y su espíritu rebelde. ¿Qué está pasando? No es posible que mi primer encuentro con este mar precioso y cosmopolita me revele su falta de energía y fuerza.

Sea lo que sea, como cada persona de nuestro planeta, todos los elementos geográficos tienen características que se aproximan al ser humano. Únicamente, hay que encontrar lo más adecuado a nuestra forma de ser.

Agnès Girod

 

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