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Blog del Instituto Cervantes de Estambul

Biblioteca Álvaro Mutis

El habitáculo de Anne

El 7 de abril de 2026 en 4 Lecturas 4 Continentes por | Sin comentarios
Un cubículo de oficina selvático

El habitáculo de Anne carece de vistas. No le deja contemplar sino la estructura del propio cubículo, formada por tres paredes: al frente y los lados. Para ver qué hay más allá de ellas, es decir, al resto de los compañeros del departamento, y al fondo las ventanas de la sala, tiene que ponerse de pie. Pero ver cabezas como la suya, con auriculares de diadema, hablando por teléfono con gente con la que quizá nunca más cruzará palabra, y que les importan un pito a todos, tampoco es la panacea.

(Mil cosas)

En realidad, la técnica Travis nos va a ir descubriendo a Andrea Treviso, subdirector de una revista en el día de cierre y casado con Anne, la madre de su hijo Iván. A Anne, según el método Travis, la podemos adivinar desde su habitáculo, desde su cubículo, esas palabras que tan bien maneja Tallón y que visten al personaje y muestran su interior desde aquello que le rodea. Vemos que Anne está harta del departamento de atención al cliente en el que trabaja. Si algo se atisba desde esta mirada de entomólogo de la realidad cotidiana que realiza Tallón es que habitamos un mundo exponencialmente acelerado, un lugar en el que nos hemos construido o nos han dejado sobrevivir y en el que aparentemente somos felices, que es el mejor de los mundos posibles:

«Autores como Michael Cunningham (Las horas), Elizabeth Strout (Olive Kitteridge), John Williams (Stoner), Sayaka Murata (La dependienta), Haruki Murakami (Tokio blues) o Sally Rooney (Gente normal) abordaron este hastío cotidiano que atrapa al adulto, incluso en vidas que han alcanzado un supuesto grado de éxito, confort y fortuna. Henri Lefebvre criticó la rutina del día a día, que sume al ciudadano en una angustia contradictoria, puesto que en el fondo también necesita esas directrices diarias, ese molde estructural.»(Marta DOMÍNGUEZ, «La nueva novela de Juan Tallón, ‘Mil cosas’, dibuja una rutina desquiciada«, en RTVE.es, 27 de diciembre de 2025).

El espacio artificial que ha construido Marta en su oficina haría las delicias de Jean Baudrillard, el pensador del simulacro. Sin embargo, Marta crea una simulación analógica, un paisaje hecho de fotos y recortes que para ella «remiten a cierto sentido nostálgico de la vida». Tan analógico y nostálgico como «el trocito de celofán» con el que va adhiriendo las imágenes y los fragmentos de su mapa emocional a las tres paredes de su puesto de trabajo. Marta es todo aquello que allí se muestra: la ecografía de los dos meses de su hijo Iván, la caricatura que le hizo Travis sobre el anverso de un sobre del banco, la fotos familiares del fotomatón, el poema de Gelman, «Viendo a la gente andar»…

… la polaroid del Empire, la tarjeta de embarque a La Habana, el comprobante del taxi de Nueva York, un simple pósit del 25 de mayo de 2015, la tarjeta de visita de una psiquiatra, la postal navideña y aquello que cuenta la columna de Jabois, precisamente en esa columna también está Anne:

«Mientras camino pienso en las cosas que hago mal y cómo corregirlas, y en las cosas que hago bien y cómo hacerlas más a menudo. Repaso mentalmente posibles malentendidos con gente que me importa mucho, y trato de averiguar si habrán entendido mi ironía, pues si no es así a lo mejor están molestos, o reparo en que hace mucho que una persona no me escribe y no recuerdo si me saludó el otro día cuando me crucé con ella. Y entonces, a punto de desmayarme de la pena y la frustración, dejo de caminar y me siento en un banco en Madrid o en una piedra en Sanxenxo, y escribo mensajes del tipo “al final vi esta serie que me recomendaste” o “acabé este libro, te lo recomiendo”, a menudo, mintiendo, pero solo para recibir respuesta y saber que todo está bien, que la otra persona me sigue queriendo exactamente igual o, al menos, no me está odiando. Saber, en definitiva, que el mundo sigue hecho de la misma manera que dejé hecha la cama esta mañana, y ese orden y esa limpieza me llena de aire los pulmones y sigo caminando escuchando esa canción preciosa de ese grupo de mierda.» (Manuel JABOIS, «Esa canción preciosa en un álbum de mierda«, en El País, 11 de marzo de 2020)

… y la entrada al concierto de Beyoncé o la viñeta del The New Yorker o la reproducción del cuadro de la O’Keeffe…

Fotomontaje. Interior de la exposición Georgia O’Keeffe. – Georgia O’Keeffe por Alfred Stieglitz, 1920-1922. – Amapolas Orientales, 1927. Georgia O’Keeffe. · Collection of the Frederick R. Weisman Art Museum at the University of Minnesota, Mineápolis.

¿De qué pequeñas porciones estará hecha nuestra simulación antes de que la aceleración lo haga todo añicos?

Juan Tallón responde: «Viví totalmente atosigado, ahora soy más un espectador de la velocidad de los demás».

Sigamos su ritmo.

La técnica Travis

El 3 de abril de 2026 en 4 Lecturas 4 Continentes por | Sin comentarios
Juan Tallón, en la librería Lectocosmos de Lugo. SEBAS SENANDE

Travis se vuelve con discreción para ver el panorama. Cruza una mirada con el de la camiseta de Pink Floyd. Se sonríen mutuamente.

  • Tú qué dices, ¿que nos llegan o que no? – le pregunta por sorpresa a Travis.
  • Si os bebéis seis latas cada uno, os podéis ir a casa satisfechos con el trabajo hecho.
  • ¿Ves? Este señor sabe de qué habla.

Travis sonríe con desafecto. Tiene treinta y cinco años y le llaman señor.

(Mil cosas)

La técnica Travis hace referencia a Mark W. Travis y consiste en descubrir al personaje desde dentro sin hacer prevalecer las ideas del escritor (o actor, o director). Es el personaje el que se apodera de la trama y no tanto la intencionalidad del creador la que se impone desde afuera. Así nos lo cuenta Eduardo Said en esta entrevista:

Los protagonistas de la novela de Tallón son la pareja formada por Travis y Anne y su hijo Iván. Desde el inicio del relato nos llama la atención el nombre de los personajes del matrimonio, como si quisieran representar algo que se desajusta respecto al contexto en el que se mueven, de hecho parece que importa más lo que los personajes arrastran con su acción que el propio transcurrir de los acontecimientos. En el fondo todo lo que sucede es algo de lo más cotidiano. Pero como el propio Tallón le dice a Óscar López en la entrevista del programa Página Dos, cuando nos detenemos a observar durante un tiempo eso que nos parece tan normal y nos quedamos ahí mirando un buen rato descubrimos que se acaba convirtiendo en monstruoso.

En el artículo “Entre mil cosas y la tiranía de la novedad” de Miguel Ángel Hernández para Zenda se desvela lo que siente el lector, lo que convierte a la novela en un espejo de nuestras propias vidas: “Te ríes a carcajadas y tienes que parar cada pocas páginas para decir en voz alta: «es que es la puta verdad». El mundo real. El mundo precario del presente. Por alguna razón, no puedes evitar compararlo con la serie Poquita fe. Es ese tipo de humor que está en el límite de la tragedia cotidiana. El desastre nuestro de todos los días.”:

Uno acaba por pensar leyendo Mil cosas que nuestra propia vida se define por la técnica Travis, pero como en las novelas de Tallón y en la Fenomenología del espíritu, las cosas no son lo que parecen…

… aunque sólo a través de lo que parecen se sabe lo que las cosas son.

No dejéis de leer a Tallón.

Aquellas pequeñas (mil) cosas

El 30 de marzo de 2026 en 4 Lecturas 4 Continentes por | Sin comentarios
Pale Blue Dot

Decisiones insignificantes se agrandan cuando se pierden de vista, por el efecto de la mala suerte, y al cabo del tiempo acaban por ocasionar molestias enormes. Las cosas pequeñas no son nada, y de golpe se vuelven notables. Es la historia de casi todas las vidas. Cuando te das cuenta de que a menudo un pequeño cambio no se conforma con ser eso, modesto y solitario, es tarde y ya solo te queda hacerte a un lado para que no te pase por encima una tromba de vicisitudes.

(Mil cosas)

Esos pañales que Travis busca pasadas las diez de la noche ponen en marcha el reloj de precisión de MIl cosas. En la obra de Juan Tallón, este mecanismo contador de tiempo se nos aparece casi de manera obsesiva: aquel padre especialista en relojería de uno de los amigos de Rewind o ese Omega que pasa de generación en generación en El mejor del mundo hasta convertirlo casi en objeto mágico de aparición desaparición en nuestras Mil cosas, en ese regalo que van a hacer a una amiga de la madre de Anne -que no usa relojes y que se pregunta al recibir el regalo «¿Para qué sirve?». Pero no vayan a preguntarle a Tallón. En una estupenda entrevista que realizó para la revista Jotdown afirmaba que «Me cuesta distinguir lo que me invento de lo que no. Podría ser un deterioro cognitivo.».

Esos pañales, esa nevera iluminada que anuncia casi la trascendencia: «pasan volando los años, se suceden las noches y <<¿Qué hay de cena hoy>>», esa ensaladilla que vuelve a comprar al supermercado, la multa en el parabrisas, ese reloj no deseado o el «Iván está sudando. Pero quién no suda hoy». La vida parece que se construye a través de las cosas, como un manual de instrucciones de uso. Quizá como ya la anticipó Perec:

Tallón acelera el mundo que anticipaba Perec a los mandos del Mitsubishi Lancer de su escritura, pero tal vez sea que nunca nos paramos a pensar en las pequeñas cosas, que no nos dejamos descansar en ese ritmo frenético de lo cotidiano, en esa aventura diaria de la cotidianidad que, sin embargo, nos construye como seres humanos, pero sin más, como por azar, como el autor afirma «no hay planes maestros, solo casualidades», aunque estén construidas con precisión de relojero. Porque en el fondo sólo somos la infinitésima parte de una mota de polvo suspendida en un rayo del sol:

Pero nosotros seguimos preocupados en encontrar los pañales. ¿Qué nos querrá contar Tallón entre tantas cosas?

La velocidad de la vida moderna

El 25 de marzo de 2026 en 4 Lecturas 4 Continentes por | Sin comentarios
Juan Tallón, autor de la novela Mil cosas (Anagrama).Laura Ortega. Diario Público

-La vida moderna -empezó de nuevo Amory- ya no cambia cada siglo sino cada año, diez veces más deprisa que antes: la población se duplica, las civilizaciones se unen más íntimamente con otras civilizaciones, la interdependencia económica… y estamos perdiendo el tiempo. Yo creo que tenemos que ir todavía más deprisa -acentuó ligeramente sus últimas palabras hasta tal punto que el chófer inconscientemente incrementó la velocidad del coche.

(Francis Scott Fitzgerald, A este lado del paraíso)

En el umbral de la novela, Juan Tallón elige esta cita para acogernos, para darnos acceso y habilitarnos como lectores a entender qué ocurrirá en Mil cosas. Además, como si de un anfitrión clarividente fuera nos da paso a este nuevo ciclo del 4L/4C, y nos deja preguntándonos, ¿en qué consistirá ahora la vida moderna? ¿Qué son los Tiempos Modernos?

Enrique Mariño, en la entrevista que le realizó al autor para el Diario Público nos explica a las claras las intenciones de Tallón: «se ha propuesto contarlo todo hablando de nada. La existencia que nos atropella. Mil cosas: la rutina, el estrés, la burocracia, lo imprevisto, la ansiedad. Un trabajo que nos consume. El anzuelo de las pantallas. Las vacaciones que no llegan. Travis y Anne, una pareja como otra cualquiera.»

La novela es un vértigo del que -como estaréis comprobando- no podemos salir, es una centrifugadora de la que los personajes no pueden escapar, es un ritmo en aceleración constante: «Deja de acelerar, pisa el embrague, toca levemente el freno y se sube a la acera con un volantazo. Ni reduce a segunda». El lector y los personajes viven en este ahogo imparable.

El propio Tallón desvela este escenario en la entrevista mencionada: «Ahogarse en un vaso de agua es una acción profundamente humana. Sentir que una situación te supera y que no tienes herramientas para gestionar esa dificultad nos pasa a todos y, sobre todo, a las sociedades contemporáneas. Pese a tener las mejores condiciones de vida de la historia, sentimos una insatisfacción y un malestar como nunca antes. Nada parece colmar nuestra expectativa.»

Y así se abre el relato:

No hay mejor bandera para izar cuando se habla de una novela que la que descubre Andrés Toribio en su crítica de la novela para El País: «Total, que al terminar tienes que empezar de nuevo, y qué bien.»

Bienvenidos a Tallón.

Mil cosas, de Juan Tallón

El 21 de marzo de 2026 en 4 Lecturas 4 Continentes por | Sin comentarios

Iniciamos el debate de Mil cosas, de Juan Tallón, primera lectura de 2026 de la sexta temporada de la actividad compartida 4 Lecturas 4 Continentes, el club de lectura virtual organizado desde las bibliotecas de los Institutos Cervantes de Chicago, Tetuán, Bruselas y Estambul. El programa de este año «Tiempos modernos» agrupa cuatro obras que reflejan aspectos sociales de la época actual

Juan Tallón (Vilardevós, Ourense, 1975) es licenciado en Filosofía, aunque siempre se ha ganado la vida con el periodismo. Es autor de varios libros en gallego, y en castellano ha publicado obras de no ficción como Libros peligrosos y Mientras haya bares, así como las novelas El váter de OnettiSalvaje oesteFin de poema; RewindObra maestraEl mejor del mundo. Su novela más reciente es Mil cosas.

Mil cosas es una novela sobre la vida absolutizada por el trabajo, las agendas ocupadas, el estrés cotidiano, la fragmentación de la atención, la velocidad de las cosas, las pequeñas tragedias y las grandes penurias a las que las metrópolis nos abocan. Una novela acelerada sobre la vida vertiginosa, apremiante, narrada como un thriller, con una tensión creciente en la que todo puede estallar de un momento a otro.

Esperamos que os apasione su lectura. Dejadnos vuestros comentarios

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