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Biblioteca Álvaro Mutis

Encuentro con Ariana Harwicz

El 6 de octubre de 2026 en 4 Lecturas 4 Continentes por | Sin comentarios

El sábado 3 de octubre nos reunimos los lectores habituales de Cuatro continentes para conversar en torno a Perder el juicio, la última novela de la escritora argentina Ariana Harwicz. Se trata de una obra intensa y vertiginosa que no deja indiferente a ningún lector y que, por su complejidad, sus múltiples capas de lectura y su ritmo arrollador, invita a ser compartida y debatida en compañía.

Como es habitual, comenzamos el encuentro recorriendo los orígenes lectores de la autora. En el caso de Harwicz, fueron filósofos tan furiosos e incómodos como Nietzsche quienes despertaron su pasión por la lectura y, posteriormente, por la escritura. Antes de encontrar su lugar en la novela, la autora exploró múltiples disciplinas artísticas e intelectuales. Durante años creyó que su destino estaba en el cine, pero sus películas resultaban demasiado teatrales; sus obras de teatro, excesivamente ensayísticas; y sus ensayos, inevitablemente literarios. Tras un largo recorrido por la pintura, la filosofía, el cine y otras formas de expresión, encontró finalmente en la novela el lenguaje en el que se sentía cómoda. Para ella, escribir es una aventura total, pero también un acto de fe.

Hablamos también de Trilogía de la pasión, volumen que reúne sus tres primeras novelas cortas y en el que ya aparece uno de los grandes temas de toda su obra: la maternidad. Sobre la recurrencia de ciertos temas y de una voz narrativa tan reconocible, Harwicz confesó no haber sido plenamente consciente de ello: simplemente escribe de esa manera, guiada por una pulsión creativa que se repite y se transforma en cada libro.

La conversación nos llevó después a Degenerado, una de las novelas más arriesgadas de la autora, escrita desde la perspectiva de un pederasta. Harwicz recordó la dificultad que supuso enfrentarse a ese texto, un proceso que todavía le resulta incómodo rememorar. Relacionó aquella experiencia con un momento personal marcado por el aislamiento tras su traslado a un pequeño pueblo con escasa vida cultural. A diferencia del resto de su obra, explicó, Degenerado fue un libro construido desde un enfoque más intelectual que sensorial.

Llegó entonces el turno de Perder el juicio y de las preguntas de los lectores. Buena parte del debate giró en torno a la protagonista: su evolución, sus contradicciones y la extraña mezcla de rechazo y fascinación que provoca. Harwicz reconoció que el personaje contiene mucho de ella misma. Sin embargo, aclaró que en sus novelas la relación entre vida y escritura no siempre sigue el mismo camino. Mientras que en Mátate, amor la escritura precedió a la experiencia vital, en Perder el juicio ocurrió justamente lo contrario. La autora reflexionó también sobre su condición de migrante. Judía, argentina y residente en Europa desde hace casi dos décadas, aseguró que esa experiencia de extranjería atraviesa toda su literatura. Según explicó, incluso quienes logran integrarse saben que cualquier pequeño gesto, una palabra o un acento pueden delatarlos en cualquier momento. Para construir a la protagonista recurrió tanto a experiencias propias como a historias de mujeres conocidas a través de la prensa y de los tribunales: mujeres marcadas por el deseo de venganza y por una profunda insatisfacción con el lugar que ocupan en el mundo.

Harwicz insistió en que no busca personajes ejemplares ni víctimas absolutas. Cree que todos somos víctimas de algo, pero también responsables de otras muchas cosas. Por eso rechaza las categorías simples y las divisiones tajantes entre inocentes y culpables, dominantes y dominados. «El arte debe doler», afirmó durante la conversación. «Cuando comienzo a pintar, el mundo es mi enemigo».

La futura adaptación cinematográfica de la novela ocupó también parte del coloquio. Aunque la autora considera que la historia podría desarrollarse prácticamente en cualquier escenario, cree que la película deberá conservar la desesperación vital de sus personajes, su necesidad de vivir, de hacer justicia y de gastar las últimas balas que les quedan. El director pretende explorar precisamente esa convivencia entre amor y odio dentro de la familia, una de las claves de lectura de la novela. Como recordó la propia Harwicz, Perder el juicio habla también del deseo de desaparecer de la propia vida sin abandonar. quizás, del todo los vínculos que la sostienen.

Ante una pregunta del público sobre la suspensión del juicio moral en la literatura, la escritora defendió que esa es una de las funciones esenciales del arte. La literatura, afirmó, puede ofrecer consuelo, pero también sirve para iluminar aquello que permanece oculto, para explorar ese «ángulo muerto» de la experiencia humana que normalmente preferimos no mirar. Por eso sus personajes nunca ocupan una única posición moral o psicológica. El artista, sostuvo, debe ser capaz de mostrar también sus propias miserias.

La ansiedad, la urgencia y la intensidad de su escritura fueron otros de los temas abordados durante el encuentro. Harwicz aseguró que no intenta domesticar esa energía porque forma parte de su forma de crear. La escritura de Perder el juicio apenas concede respiro al lector porque ella misma tampoco se lo concede. En la literatura, explicó, se permite explorar impulsos y emociones que jamás trasladaría a la vida real.

También surgió la cuestión de la lengua y del fuerte tono argentino que impregna su obra. Después de tantos años fuera de su país, la autora confesó que no desea perder esa musicalidad porteña, que considera inseparable de su identidad. Convive, además, con otra lengua fundamental en su vida, el francés, que define como su lengua de adopción. Ambas son, para ella, herramientas necesarias y complementarias.

No podíamos despedirnos sin hablar del final de la novela. Para algunos lectores, tras tantas incertidumbres, el desenlace resultó excesivamente abierto. Harwicz reveló entonces que se inspiró en un caso real: la historia de una mujer argentina prófuga de la justicia que continúa en búsqueda y captura junto a su hija pequeña. Una revelación que añadió una nueva dimensión a una novela que, durante toda la tarde, nos obligó a cuestionar certezas y a adentrarnos en las zonas más ambiguas de la condición humana.

Ariana Harwicz: las últimas novelas y más allá

El 1 de octubre de 2026 en 4 Lecturas 4 Continentes por | 1 comentario

Me han llamado al orden por no adecuar mi habla al uso actual. Me han dicho que lo que digo es violento, ofensivo, por el modo en que lo digo, es decir, que la lengua que hablo es la culpable de la ofensa. Me pregunto cómo hacer para señalar la violencia de quienes sí adaptaron su diccionario y su lengua a este tiempo, de quienes impugnan los usos de la lengua a este tiempo, de quienes impugnan los usos de la lengua que no se adaptan a su ideología. Cuando escribo acepto todo lo que es, veo todo, estoy dispuesta a todo. No evito ciertos adjetivos, no censuro ciertas torsiones, básicamente porque no soy juez, no estoy en un tribunal correccional. Una novela no es una audiencia judicial. No es una sentencia. Pensar moralmente a los personajes es como si Beethoven hubiera censurado una nota de su sonata por exceso de sensualidad.

(El ruido de una época, ensayo de Ariana Harwicz)

El dispositivo creativo de Harwicz no solo se construye desde el ámbito novelístico sino que se disemina en otros géneros literarios y otras manifestaciones culturales en donde siempre permanece ese aura de incertidumbre, dolor, violencia y atrevimiento.

Tan intelectual que te desmayás (2013)

Entre su primera y su segunda novela, Harwicz publicó junto a Sol Pérez este libro tan difícil de clasificar.

No es una novela ni un ensayo. Está construido mediante un diálogo entre dos mujeres que hablan de literatura, deseo, escritura y lecturas hasta que sus voces parecen confundirse.

El libro resulta especialmente importante para comprender la concepción literaria de Harwicz: la literatura aparece como conversación con otros textos, pero también como experiencia corporal y como forma de relacionarse conflictivamente con la realidad.

Más que un argumento convencional, existe aquí una situación: dos escritoras conversan hasta convertir la conversación misma en literatura.

Desertar (2021)

Es un libro de ensayo que publica junto al traductor y escritor Mikaël Gómez Guthart en forma de conversaciones El punto de partida es la traducción literaria, pero el diálogo se expande hacia cuestiones mucho más amplias: la lengua materna, el exilio, el desplazamiento geográfico, la extranjería, la literatura y la relación entre lenguaje y política. Desertar significa abandonar un lugar, pero también abandonar una lengua, una identidad estable o una determinada forma de entender la literatura. Un libro que nos permite conocer mejor, desde dentro, cómo es el concepto literario de la escritora argentina.

El ruido de una época (2023)

En este ensayo, Harwicz se pregunta qué significa escribir en el presente. El libro reflexiona sobre la libertad artística, la relación entre literatura e ideología, la corrección política, la censura y la presión para interpretar una obra a partir de la identidad o de las opiniones personales de quien la escribe.

La idea que subyace a lo largo de todo el texto es la siguiente: una obra literaria pierde parte de su fuerza cuando se exige que confirme previamente unos determinados valores morales. Harwicz reivindica, por el contrario, el derecho de la ficción a producir personajes desagradables, contradictorios, violentos o moralmente indefendibles.

El ensayo funciona en cierto modo como explicación teórica de lo que sus novelas ya habían practicado: escribir consiste para ella en introducir al lector precisamente allí donde resulta incómodo establecer un juicio inmediato.

Dementia (2026)

Un giro todavía más radical en su aventura artística: Dementia es una ópera original compuesta por Óscar Strasnoy sobre un libreto escrito específicamente por Harwicz. Fue un encargo del Teatro Colón de Buenos Aires y se estrenó mundialmente allí el 31 de mayo de 2026, con dirección musical de Tito Ceccherini y dirección escénica de Mariano Pensotti.

El argumento resulta extraordinariamente próximo al universo de sus novelas: una joven escritora y su pareja, un traductor, obtienen una beca para vivir en una casa de campo en Francia mientras ella intenta escribir una gran novela. A lo largo de la ópera reciben la visita de otras dos parejas. Estas parejas son ellos mismos a los cincuenta y a los setenta y cinco años. El matrimonio se enfrenta así literalmente a su propio futuro.

La obra pregunta qué precio exige el arte a la vida privada y qué queda de una relación cuando sus protagonistas pueden contemplar anticipadamente aquello en lo que terminarán convirtiéndose.

Harwicz ha explicado que el proceso de transformación de su lenguaje en libreto operístico duró aproximadamente cuatro años y que, aunque Dementia no proceda de ninguna de sus novelas, terminó acercándose inevitablemente al mismo universo de amor destructivo, identidad y locura.

Y las dos últimas novelas:

Degenerado (2019)

En esta novela se produce un cambio fundamental en la voz narrativa: Harwicz abandona por primera vez las voces femeninas que habían dominado sus novelas anteriores y construye el monólogo de un hombre acusado de pedofilia.

La novela comienza una noche en la que el protagonista observa desde su casa la llegada de la gendarmería y de los vecinos. Rápidamente se forma alrededor de él una multitud convencida de que es culpable. A partir de ahí, el libro se transforma simultáneamente en relato judicial, interrogatorio y monólogo interior.

El verdadero tema de Degenerado no es solamente el delito, sino también el juicio: el juicio de los tribunales, el juicio social y el juicio del propio lector. Desde esta premisa narrativa no es difícil entender el título de su última novela, que es aquella que nos tiene atrapados y de la que podremos hablar con ella el próximo sábado.

Perder el juicio (2024)

Os esperamos para compartir vuestras lecturas con Ariana Hardwicz.

La pasión literaria de Ariana Harwicz

El 29 de septiembre de 2026 en 4 Lecturas 4 Continentes por | Sin comentarios

La escritoria Ariana Harwicz (Buenos Aires, 1977) ocupa un lugar destacado dentro de la narrativa argentina contemporánea. Desde 2007 vive en Francia desde donde sigue escribiendo en español ahondando en la idea de límite: cultural, lingüístico, social e incluso narrativo. Su obra se vertebra a través de una serie de temas que se muestran y reaparecen en la mayoría de sus novelas: la maternidad, la familia, el deseo, la violencia, la locura, el lenguaje, el juicio moral o la dificultad de distinguir claramente entre víctima y culpable. Su escritura se caracteriza por el monólogo interior, la fragmentación, una sintaxis deliberadamente abrupta y una intensidad poética que tiende a disolver las fronteras entre pensamiento, acción, fantasía y recuerdo.

Harwicz se formó en cine, guion, dramaturgia, artes del espectáculo y literatura comparada. Esa formación ayuda a comprender tanto el carácter visual de muchas de sus escenas como la importancia que adquieren en su obra el montaje, el ritmo y la voz. Desde la aparición de Matate, amor, en 2012, sus libros han sido traducidos a más de veinte lenguas y varias de sus novelas han conocido adaptaciones cinematográficas y teatrales.

Matate, amor (2012)

La primera novela de Harwicz contiene ya buena parte del universo literario que constituye su carrera. Una mujer vive con su marido y su hijo pequeño en una casa aislada en el campo francés. La imagen aparentemente convencional de la familia —padre, madre, hijo, casa— se va descomponiendo a medida que accedemos a la conciencia de la protagonista.

La maternidad es una experiencia contradictoria, alejada de ese mundo idealizado que se pretende establecer como único. La narradora siente amor, deseo de huida, violencia, deseo sexual, rechazo hacia su marido y una atracción casi animal por el bosque que rodea la casa. El paisaje rural funciona así como prolongación de su estado interior: frente al orden doméstico se encuentra lo salvaje.

No estamos exactamente ante una novela psicológica tradicional. Harwicz no explica a su protagonista desde fuera; obliga al lector a instalarse dentro de su lenguaje, un lenguaje que nos obliga a penetrar en la mente de la protagonista como si palabra y ser se hicieran carne. De ahí la incertidumbre permanente sobre lo que realmente sucede y lo que pertenece a la imaginación de la narradora.

Matate, amor se convirtió además en el libro que dio proyección internacional a Harwicz. Su traducción inglesa, Die, My Love, fue finalista del International Booker Prize en 2018.

Die My Love

La novela fue llevada al cine por la directora escocesa Lynne Ramsay con el título Die My Love . La película, protagonizada por Jennifer Lawrence y Robert Pattinson, se presentó en competición en el Festival de Cannes de 2025. Entre sus productores figura Martin Scorsese.

La adaptación transforma algunos elementos concretos de la novela —la acción cinematográfica se sitúa en Estados Unidos—, pero conserva su núcleo: una joven madre aislada en el campo, su relación con el marido y el progresivo desmoronamiento de las fronteras entre deseo, maternidad y violencia. Ramsay convierte además en imágenes y gestos físicos algo que en Harwicz sucede fundamentalmente dentro de la lengua y de la conciencia.

La débil mental (2014)

Si Matate, amor presentaba a una mujer encerrada dentro del triángulo madre-marido-hijo, La débil mental se concentra casi exclusivamente en una madre y una hija.

La relación entre ambas es posesiva, sexualizada, agresiva y extremadamente íntima. Comparten noches, hombres, alcohol, juegos y recuerdos. La madre invade constantemente el espacio emocional y físico de la hija, mientras la hija oscila entre dependencia, rechazo y complicidad.

Harwicz presenta una maternidad alejada de cualquier modelo protector. Madre e hija parecen formar un organismo afectivo común del que resulta casi imposible separarse. Incluso llegan a compartir la complicidad frente al delito y la transgresión.

Hay una pregunta que se constituye detrás de este relato y probablemente en el conjunto de la obra de Harwicz: ¿qué sucede cuando el amor deja de proteger los límites entre dos personas y comienza a destruirlos?

Precoz (2015)

Esta vez encontramos a una madre y a un hijo adolescente que viven en condiciones precarias y prácticamente al margen de la sociedad. Su relación combina amor, dependencia, agresividad, deseo y rechazo. Apenas poseen un mundo exterior estable: la casa se deteriora, la escuela fracasa, las instituciones sociales no consiguen integrarlos y ambos terminan relacionándose casi exclusivamente entre sí. El vínculo entre madre e hijo se vuelve progresivamente obsesivo y transgrede todos los límites.

Si en Matate, amor todavía podía reconocerse la estructura convencional de una familia y en La débil mental esta quedaba reducida a la pareja madre-hija, en Precoz encontramos casi su completa desintegración. Madre e hijo sobreviven como dos seres situados en los márgenes.

Con Precoz se completa el conjunto que posteriormente Harwicz llamará Trilogía de la pasión y que la editorial Anagrama ha publicado en un único volumen.

Para completar esta primera entrada sobre la trayectoria creativa de Ariana Hardwicz os dejamos un vídeo donde habla de estas tres novelas:

¿Veis el universo narrativo de estas novelas en Perder el juicio? Esperamos vuestros comentarios.

Cancelando a Lisa Trejman

El 23 de septiembre de 2026 en 4 Lecturas 4 Continentes por | Sin comentarios

La escritora argentina Ariana Harwicz, en 2023 en el festival de literatura MOT de Girona y Olot.David Borrat (EFE). Fuente: El País

De pronto la casa familiar era un comité secreto. No mientas, todos conocemos tus ideas sobre el tema, ¿ella es judía al cien por cien? O sea, ¿cómo cien por cien? Debe tener ancestros no puros, o mezclados, ¿no lo crees? Que hable el marido, es el que sabe, que hable el marido que se fue tan lejos más allá del atlántico para encontrar lo que tenía a dos pasos, él la eligió entre miles. Mamá, por favor, por qué te metés en mi vida. No me meto, opino. Quizás mi hijo no se dio cuenta, no es algo que se ve a primera vista, y después el enamoramiento es una fatwa. Pero ¿qué es lo que se tiene que ver?, pregunta el tío, yo tenía una muy buena amiga que era así y nunca fue un problema. Su esposa gira la cabeza como un ñandú, le pregunta de qué muy buena amiga habla porque nunca le conoció a ninguna muy buena amiga. El tío no responde. Shhh, que ella se fue pero puede haber regresado. Contanos, contanos. Déjenme en paz, ¿qué quieren que les diga? Es una chica así, sin más.

(Perder el juicio)

Lisa Trejman es simultáneamente argentina, inmigrante y judía dentro de una familia francesa que se presenta como tolerante, pero que revela -tal y como leemos en el párrafo anterior- prejuicios hacia ella. Todos estos rasgos son utilizados como coartada por la familia de su pareja para apartarla y señalarla. El objetivo de Harwicz en la novela parece ir más allá de lo individual para apuntar hacia lo macroscópico de una sociedad -en este caso la de la clase media francesa, que conoce muy bien- en la que ve un claro reflejo del problema profundo de los discursos ideológicamente establecidos y dominantes que buscan anular al disidente: «Esta es la primera novela en la que claramente abordo eso. Un poco para mostrar algo muy básico que es el cinismo, es decir, como una familia bien -que es la familia que la recibe a ella- se hace pasar por humanistas, por gente de bien, gente seria, que le gusta mucho el discurso de los inmigrantes, la libertad, y luego son absolutamente racistas con ella, antisemitas. Pero todo desde el humor negro, porque dicen ‘bueno una esvástica tampoco es que sea tan antisemita, una esvástica puede ser un dibujito’. Es para mostrar un microclima social.» (entrevista a Ariana Harwicz dePablo Retamal N. en el diario chileno La Tercera).

El relato se detiene en algo muy profundo y que nos cuestiona nuestro ser, ya que lo que subyace detrás de este intento de cancelación de Lisa es determinar en qué consiste eso de la identidad y si podemos utilizarlo como coartada para deshacernos de los que no son como nosotros:

«Como latinoamericana y como judía, ella es doblemente inmigrante en un país como Francia. Por otro lado, la novela me permite reflexionar sobre la obsesión por el tema identitario, una obsesión que se hace muy visible en las ferias o encuentros literarios. Cuando, sentadas en una mesa, no nos presentan únicamente como escritoras, sino que comienzan: latinoamericana, argentina, judía, mujer, homosexual/trans, militante… Es decir, se recurre a una acumulación aburrida de etiquetas que convierten nuestros curriculum vitae en una suerte de catálogo de identidades, que, además, se mencionan como si fueran méritos. Sin embargo, estas supuestas identidades no son méritos, son más bien trampas que nos ponen.» (entrevista de Anna María Iglesia en el periódico Clarín).

Tras esta búsqueda de lo identitario se oculta el afán por destruir al otro, al diferente. La protagonista lucha por emanciparse de todas esas identidades que la atribuyen y que la prejuzgan: de ser judía, de ser una madre humillada y de ser extranjera. Harwicz juega con tres ejes temáticos: el judaísmo, la extranjería y la maternidad. Precisamente sobre estos asuntos versa esta charla sobre su novela en la que es especialmente iluminador el pasaje a partir del minuto 8 sobre el ser judío de Lisa (y de Harwicz):

Para reflexionar sobre ello os dejamos un artículo sobre el eco de la polémica en la que se ha visto envuelta Harwicz en los últimos días. Seguro que podéis leerlo desde Perder el juicio y contarnos lo que pensáis.

El abismo de las relaciones familiares

El 19 de septiembre de 2026 en 4 Lecturas 4 Continentes por | Sin comentarios
Fotografía de Cristina García Rodero, Ventana al aire, Amoeiro, Orense (de la serie «España oculta», 1980-1990)

La familia entre mis piernas sangrantes. Como en una sala clandestina de apuestas o de riñas de gallos en los páramos mexicanos. Por lo bajo decían que saldría algo extraño, nadie se atrevía a decir deforme. Todos expectantes al latido, el primero, el segundo, a que tuviera todos los miembros y una cabeza proporcionada. Todos atentos al color de la piel porque mucho universalismo pero para los de enfrente. Ya en la cama vi a mi suegra inclinarse sobre las cunas transparentes, mirar a los idénticos y babear.

(Perder el juicio)

Es el nacimiento de J. y de E. narrado desde la voz interior de su madre. Solo al final de la novela descubriremos sus nombres. Los mellizos de la familia Fournier. Ariana Harwicz nos conduce en un relato vertiginoso y sobrecogedor al abismo de las relaciones familiares. Una madre que avanza con dificultades en la separación y alejamiento de sus hijos. Un padre ausente y a la vez controlador y violento. Unos suegros que fiscalizan a la novia, a la madre. Un choque cultural que es como una brecha que sus protagonistas son incapaces de cerrar.

«La maternidad fue un arma contra las cuatro mujeres a las que está dedicado el libro: una murió por querer ser madre, otra fue asesinada tras serlo, hay una a la que la justicia la obligó a separarse de su bebé. Hay una mujer más en esa dedicatoria: una abogada que batalla contra jueces y leyes. Se llama Lisa, como la protagonista de la novela. Cualquier parecido con la realidad es intencional.» (Débora CAMPOS, «Ella, la peor de todas«, en Clarín, 19 de julio de 2024).

Como bien señala Débora Campos en su artículo, Lisa Trejman dialogaría con las mujeres de la Trilogía de la pasión, las tres novelas publicadas por Harwicz (Matate, amor; La débil mental y Precoz). Son «madres hartas, solas, marginales, desposeídas, extranjeras». La propia autora reflexiona sobre el vínculo entre sus obras: «Creo que es inevitable pensar que todos estos libros siguen siendo una gran familia más allá de la definición de trilogía. Pueden funcionar como medio hermanos o primos lejanos, pero están vinculados por varias cosas que saltan a la vista: la radicalidad o por la búsqueda por experimentar con esas palabras que aparecen como desacomodadas dentro del orden.».

Y por encima de todas relaciones en el seno de la familia aparece la maternidad. Este el eje conductor de la carrera literaria de la autora, como ella misma afirma: «péndulo perfecto entre la angustia y la felicidad, la locura y la razón, el sentido y el sinsentido, la posibilidad de ser violenta y de no serlo». Esta es la reflexión que hace tras la publicación de su primera novela, Matate, amor:

Sin embargo, la maternidad y la familia no agotan el complejo mundo de referencias interrelacionadas que aparecen en la novela. Lisa es una madre argentina viviendo en un país extranjero. Ella es acusada y despojada de la custodia de sus hijos. Es una judía cuya familia política, en un contexto supuestamente progresista, intenta denostar y ridiculizar. Lo distinto, lo diferente, sobre todo si va unido a la carencia económica, nos parece exótico, pero únicamente cuando no vive en la casa de enfrente o cuando es la mujer de nuestro hijo. La novela, en definitiva, es una carga de profundidad contra la hipocresía de la sociedad burguesa y sus nobles valores liberales.

Quizá esto y muchos detalles ya los estáis descubriendo y seguro que os gustaría compartirlos.

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