
Travis se vuelve con discreción para ver el panorama. Cruza una mirada con el de la camiseta de Pink Floyd. Se sonríen mutuamente.
Travis sonríe con desafecto. Tiene treinta y cinco años y le llaman señor.
(Mil cosas)
La técnica Travis hace referencia a Mark W. Travis y consiste en descubrir al personaje desde dentro sin hacer prevalecer las ideas del escritor (o actor, o director). Es el personaje el que se apodera de la trama y no tanto la intencionalidad del creador la que se impone desde afuera. Así nos lo cuenta Eduardo Said en esta entrevista:
Los protagonistas de la novela de Tallón son la pareja formada por Travis y Anne y su hijo Iván. Desde el inicio del relato nos llama la atención el nombre de los personajes del matrimonio, como si quisieran representar algo que se desajusta respecto al contexto en el que se mueven, de hecho parece que importa más lo que los personajes arrastran con su acción que el propio transcurrir de los acontecimientos. En el fondo todo lo que sucede es algo de lo más cotidiano. Pero como el propio Tallón le dice a Óscar López en la entrevista del programa Página Dos, cuando nos detenemos a observar durante un tiempo eso que nos parece tan normal y nos quedamos ahí mirando un buen rato descubrimos que se acaba convirtiendo en monstruoso.
En el artículo “Entre mil cosas y la tiranía de la novedad” de Miguel Ángel Hernández para Zenda se desvela lo que siente el lector, lo que convierte a la novela en un espejo de nuestras propias vidas: “Te ríes a carcajadas y tienes que parar cada pocas páginas para decir en voz alta: «es que es la puta verdad». El mundo real. El mundo precario del presente. Por alguna razón, no puedes evitar compararlo con la serie Poquita fe. Es ese tipo de humor que está en el límite de la tragedia cotidiana. El desastre nuestro de todos los días.”:
Uno acaba por pensar leyendo Mil cosas que nuestra propia vida se define por la técnica Travis, pero como en las novelas de Tallón y en la Fenomenología del espíritu, las cosas no son lo que parecen…
… aunque sólo a través de lo que parecen se sabe lo que las cosas son.
No dejéis de leer a Tallón.

Decisiones insignificantes se agrandan cuando se pierden de vista, por el efecto de la mala suerte, y al cabo del tiempo acaban por ocasionar molestias enormes. Las cosas pequeñas no son nada, y de golpe se vuelven notables. Es la historia de casi todas las vidas. Cuando te das cuenta de que a menudo un pequeño cambio no se conforma con ser eso, modesto y solitario, es tarde y ya solo te queda hacerte a un lado para que no te pase por encima una tromba de vicisitudes.
(Mil cosas)
Esos pañales que Travis busca pasadas las diez de la noche ponen en marcha el reloj de precisión de MIl cosas. En la obra de Juan Tallón, este mecanismo contador de tiempo se nos aparece casi de manera obsesiva: aquel padre especialista en relojería de uno de los amigos de Rewind o ese Omega que pasa de generación en generación en El mejor del mundo hasta convertirlo casi en objeto mágico de aparición desaparición en nuestras Mil cosas, en ese regalo que van a hacer a una amiga de la madre de Anne -que no usa relojes y que se pregunta al recibir el regalo «¿Para qué sirve?». Pero no vayan a preguntarle a Tallón. En una estupenda entrevista que realizó para la revista Jotdown afirmaba que «Me cuesta distinguir lo que me invento de lo que no. Podría ser un deterioro cognitivo.».
Esos pañales, esa nevera iluminada que anuncia casi la trascendencia: «pasan volando los años, se suceden las noches y <<¿Qué hay de cena hoy>>», esa ensaladilla que vuelve a comprar al supermercado, la multa en el parabrisas, ese reloj no deseado o el «Iván está sudando. Pero quién no suda hoy». La vida parece que se construye a través de las cosas, como un manual de instrucciones de uso. Quizá como ya la anticipó Perec:
Tallón acelera el mundo que anticipaba Perec a los mandos del Mitsubishi Lancer de su escritura, pero tal vez sea que nunca nos paramos a pensar en las pequeñas cosas, que no nos dejamos descansar en ese ritmo frenético de lo cotidiano, en esa aventura diaria de la cotidianidad que, sin embargo, nos construye como seres humanos, pero sin más, como por azar, como el autor afirma «no hay planes maestros, solo casualidades», aunque estén construidas con precisión de relojero. Porque en el fondo sólo somos la infinitésima parte de una mota de polvo suspendida en un rayo del sol:
Pero nosotros seguimos preocupados en encontrar los pañales. ¿Qué nos querrá contar Tallón entre tantas cosas?

-La vida moderna -empezó de nuevo Amory- ya no cambia cada siglo sino cada año, diez veces más deprisa que antes: la población se duplica, las civilizaciones se unen más íntimamente con otras civilizaciones, la interdependencia económica… y estamos perdiendo el tiempo. Yo creo que tenemos que ir todavía más deprisa -acentuó ligeramente sus últimas palabras hasta tal punto que el chófer inconscientemente incrementó la velocidad del coche.
(Francis Scott Fitzgerald, A este lado del paraíso)
En el umbral de la novela, Juan Tallón elige esta cita para acogernos, para darnos acceso y habilitarnos como lectores a entender qué ocurrirá en Mil cosas. Además, como si de un anfitrión clarividente fuera nos da paso a este nuevo ciclo del 4L/4C, y nos deja preguntándonos, ¿en qué consistirá ahora la vida moderna? ¿Qué son los Tiempos Modernos?
Enrique Mariño, en la entrevista que le realizó al autor para el Diario Público nos explica a las claras las intenciones de Tallón: «se ha propuesto contarlo todo hablando de nada. La existencia que nos atropella. Mil cosas: la rutina, el estrés, la burocracia, lo imprevisto, la ansiedad. Un trabajo que nos consume. El anzuelo de las pantallas. Las vacaciones que no llegan. Travis y Anne, una pareja como otra cualquiera.»
La novela es un vértigo del que -como estaréis comprobando- no podemos salir, es una centrifugadora de la que los personajes no pueden escapar, es un ritmo en aceleración constante: «Deja de acelerar, pisa el embrague, toca levemente el freno y se sube a la acera con un volantazo. Ni reduce a segunda». El lector y los personajes viven en este ahogo imparable.
El propio Tallón desvela este escenario en la entrevista mencionada: «Ahogarse en un vaso de agua es una acción profundamente humana. Sentir que una situación te supera y que no tienes herramientas para gestionar esa dificultad nos pasa a todos y, sobre todo, a las sociedades contemporáneas. Pese a tener las mejores condiciones de vida de la historia, sentimos una insatisfacción y un malestar como nunca antes. Nada parece colmar nuestra expectativa.»
Y así se abre el relato:
No hay mejor bandera para izar cuando se habla de una novela que la que descubre Andrés Toribio en su crítica de la novela para El País: «Total, que al terminar tienes que empezar de nuevo, y qué bien.»
Bienvenidos a Tallón.

Iniciamos el debate de Mil cosas, de Juan Tallón, primera lectura de 2026 de la sexta temporada de la actividad compartida 4 Lecturas 4 Continentes, el club de lectura virtual organizado desde las bibliotecas de los Institutos Cervantes de Chicago, Tetuán, Bruselas y Estambul. El programa de este año «Tiempos modernos» agrupa cuatro obras que reflejan aspectos sociales de la época actual
Juan Tallón (Vilardevós, Ourense, 1975) es licenciado en Filosofía, aunque siempre se ha ganado la vida con el periodismo. Es autor de varios libros en gallego, y en castellano ha publicado obras de no ficción como Libros peligrosos y Mientras haya bares, así como las novelas El váter de Onetti; Salvaje oeste; Fin de poema; Rewind; Obra maestra; El mejor del mundo. Su novela más reciente es Mil cosas.
Mil cosas es una novela sobre la vida absolutizada por el trabajo, las agendas ocupadas, el estrés cotidiano, la fragmentación de la atención, la velocidad de las cosas, las pequeñas tragedias y las grandes penurias a las que las metrópolis nos abocan. Una novela acelerada sobre la vida vertiginosa, apremiante, narrada como un thriller, con una tensión creciente en la que todo puede estallar de un momento a otro.
Esperamos que os apasione su lectura. Dejadnos vuestros comentarios
Este documental del NO-DO sirvió como germen del relato sobre el que conversaremos esta tarde con Paco Cerdà. Sin duda es un testimonio que no os podéis perder:

Esperamos que para todos Presentes quede «como recuerdo de tantas vidas perdidas, de aquel país echado a perder» tal y como nos recuerda Cerdà en el final de su libro.
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