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Blog del Instituto Cervantes de Estambul

Biblioteca Álvaro Mutis

Tablillas de salvación, tablillas de maldición

El 14 de mayo de 2026 en 4 Lecturas 4 Continentes por | Sin comentarios
Visitantes ante El jardín de las delicias, de El Bosco. Foto de Álvaro García

El Museo del Prado es mi lugar preferido de Madrid junto con el Carrefour 24 horas de Quevedo. Los dos lugares son amplios, limpios, ordenados y tienen aire acondicionado. Por separado, son dos lugares que tienen todo lo que le puedo pedir a la vida: uno de ellos me alimenta el cuerpo, el otro nutre mi alma.

El descontento

Algunas lecturas del libro de Beatriz Serrano han querido incidir en su reivindicación de malestar generacional, sobre todo desde el punto de vista laboral, un estar insertos en una rueda aburrida y mecánica de la que no podemos escapar. La autora en una entrevista para Esquire destaca esta circunstancia: «Marisa en el libro está en modo supervivencia y no ha llegado al punto de rendirse del todo. La novela transcurre en una semana y está estructurada en capítulos que alternan la parte de rutina laboral y la parte en la que sale, en donde siempre tiene una experiencia nueva. Ella intenta agarrarse a determinadas tablitas de salvación, ya sea el Museo del Prado, el Carrefour de Quevedo, quedar con su amiga o quedar con su vecino.»

Sin embargo, tras esa demanda treintañera y una posible reclamación de la generación X contra justamente la generación anterior, quizás la novela quiera mostrarnos algo diferente. Como señala la escritora en alguna entrevista, la clave puede estar en el inicio de la película de 1994 Reality bites, de Ben Stiller:

Ese discurso de la protagonista de la película en su graduación y esa conclusión sobre la imposibilidad de saber qué se puede hacer es el escenario en el que penetramos en la novela de Serrano. O mejor dicho, Marisa se encuentra, de alguna manera, como esos jóvenes un tanto desencantados de la película que beben, fuman y cantan en la azotea. Marisa refleja una realidad que es transgeneracional, aquella que se produce cuando la vida nos hace pasar de las esperanzas y expectativas juveniles a la constatación de que el trabajo que nos ha correspondido no refleja exactamente ese mundo ideal que nos imaginamos: «Cuando tenía dieciocho años y comencé a estudiar Historia del Arte, mi sueño era trabajar en el Museo del Prado, […] En 2006, con mi título bajo el brazo y en una España que parecía que nunca se iba a romper, un creativo alocado al que conocí en una discoteca decidió darme una oportunidad para entrar a trabajar en su agencia de publicidad» (El descontento).

De repente, nos damos cuenta que estamos entregados a un trabajo repetitivo y absurdo, alejado de las cosas importantes de la vida -también de la nuestra- y que además nos produce ansiedad, malestar, descontento y que lo único a lo que podemos aspirar son a pequeñas tablillas de salvación: en el caso de Marisa, estas se manifiestan en el Museo del Prado, el Carrefour de Quevedo, los vídeos de youtube o el Orfidal. En realidad, sustitutivos para paliar la insatisfacción en la que nos encontramos instalados y huir de la realidad: «Y en el libro también quería situar al mismo nivel las drogas legales y las ilegales, ambas vías de escape, porque me parece súper hipócrita que naturalicemos tanto que tomemos un somnífero por la noche, un Orfidal por la mañana, unos antidepresivos en época de estrés, y luego vemos con tan malos ojos que el viernes se llame al camello. Al final, el síntoma es el mismo, las razones que conducen a la ingesta de una droga u otra son iguales.» (Beatriz Serrano en la entrevista de Esquire)

Beatriz Serrano. Foto de Álvaro de Luna (Esquire)

Ninguno queremos estar pero seguimos consumiendo miles de cosas para permanecer. La escritora destaca que, al final, nos acabamos pareciendo mucho a esos habitantes de Un mundo feliz, de Aldous Huxley que necesitaban el soma.

Además, la protagonista tiene que recurrir a unas tablillas de maldición («Una tablilla de maldición (en latín defixio, y en griego κατάδεσμος katádesmos) era un medio frecuente para maldecir en el mundo grecorromano, por el que alguien pedía a uno o más dioses que dañasen a otros, con frecuencia como venganza»), casi como una estrategia para seguir manteniendo el tipo, unas tablillas que serían el complemento de las otras, las de salvación, y que reflejan el universo laboral en el que muchas personas tienen que convivir. En el caso de Marisa acude a estas tablas en diferentes pasajes de la novela y son numerosos los nombres de los que va inscribiendo a golpe de reflexión, de monólogo interior: el director general de su empresa cuando anuncia la reunión del team building, Natalia, su ayudante, por su servilismo, Ramón, su jefe directo, por su incompetencia e insustancialidad, a Maika, la directora de cuentas, por su prepotencia y cinismo, y, probablemente, a casi todos los compañeros de su oficina.

Pero Marisa no quiere pasar al tercer tríptico del cuadro de El Bosco, el del Infierno: «Trago saliva. No soy capaz de dirigir mi mirada hacia el infierno porque ya paso demasiado tiempo en él». Y, sin embargo, es el panel en el que más gente deposita su mirada, ¿por qué?

¿Hacia dónde dirige Marisa su mirada, de momento?

Una vida de oficina: ¿hay alternativa?

El 11 de mayo de 2026 en 4 Lecturas 4 Continentes por | Sin comentarios
One Year Performance 1980–1981 (Time Clock Piece), de Tehching Hsieh

Ocupar ocho horas de lunes a viernes en una tarea alienante e insatisfactoria, rodeada de gente con la que me veía forzada a tener conversaciones infructuosas y aburridas, con todos aquellos absurdos lugares comunes sobre hipotecas o plazas de garaje o las palabras que dicen mal sus hijos o la última serie que habían visto en Netflix. Todo ese tiempo regalado a otros en vez de estar en mi casa leyendo o dibujando o simplemente mirando el techo, semidesnuda, observando las grietas. No soportaba la idea de estar obligada a vivir esa pantomima de oficina a perpetuidad para poder pagarme cosas como un alquiler o la comida o un libro o un fin de semana en la playa. Me desmoronaba cada mañana cuando sonaba el despertador porque la vida, vivida de este modo, me parecía una tragedia mal escrita, aburrida y estéril, sin gracia y, lo peor de todo, sin contenido, y sentía ganas de coger por los hombros a gente aleatoria de camino al trabajo para preguntarles por qué ellos no estaban igual que yo.

El descontento

Marisa, la protagonista de la novela de Beatriz Serrano, por momentos se nos presenta como en la performance del artista taiwanés Tehching Hsieh, quien durante un año fichó cada hora en un reloj de control, como si toda su existencia hubiera quedado reducida a una jornada laboral infinita. La pieza convierte la rutina en una forma de encierro: no hay jefe visible, pero sí una obligación constante que ordena el sueño, el cuerpo y el pensamiento. Como en la novela, el problema no es solo trabajar, sino vivir bajo la sensación de que el trabajo siempre vuelve a reclamarlo todo.

Sin embargo, en El descontento, la autora convierte el malestar laboral en una novela de humor negro, ansiedad y supervivencia cotidiana. Marisa no es heroína ni ejemplo: es, más bien, un espejo incómodo. La crítica ha destacado que «la novela retrata con mucha lucidez ese bucle peligroso en el que el trabajo va desplazando todo lo demás: la vida personal, el descanso, los vínculos y, finalmente, la salud. No porque el empleo sea necesariamente horrible, sino porque la obligación de ir a trabajar, día tras día, ocho horas, cinco días a la semana, se convierte en una losa existencial. Y eso, Serrano lo expresa sin adornos, sin moralejas explícitas y con un humor ácido que aligera, pero no disimula, el fondo amargo.» (Reseña: «El descontento», de Beatriz Serrano, por Alberto Berenguer).

La escritora en una entrevista para Vogue contaba que «Marisa es víctima y verdugo del sistema como creo que al final lo somos todos. Erramos y somos figuras que podemos generar muchísima ambivalencia”. Al final, la protagonista soporta toda la frustración que le genera al trabajo con blísters de lorazepam, alcohol y la droga creativa que le proporciona Pablo, su vecino, amigo y amante ocasional.

De esta dialéctica entre la imposición laboral y la satisfacción evasiva del placer a la que nos somete la sociedad contemporánea y que tan bien refleja este relato dan cuenta por ejemplo pensadores como Mark Fisher quien en su libro Realismo capitalista. ¿No hay alternativa? señala que «la tendencia actual es que prácticamente todas las formas de empleo se vuelven precarias. En palabra de Franco Berardi, el Capital ya no recluta a las personas sino que compra paquetes de tiempo separados de sus portadores, ocasionales e intercambiables. Estos paquetes de tiempo no tienen ninguna conexión nocional con una persona con derechos o necesidades: simplemente se encuentran disponible o no en el mercado». Una reflexión parecida hace la escritora en esta entrevista que os dejamos para que sigáis descubriendo lo que se oculta detrás de este descontento:

¿Quién no se atreve a recordar al Travis de Tallón entre los juegos de oficina de Marisa? ¿Qué pensarán los lectores?

El descontento de Marina (o Marisa) Joyce

El 6 de mayo de 2026 en 4 Lecturas 4 Continentes por | Sin comentarios

En el año 2016, la obsesión de Internet durante unos larguísimos quince minutos fue el estado físico y mental de una youtuber inglesa llamada Marina Joyce. Joyce era una especie de princesita cursi y aniñada, de largos tirabuzones rubios y enormes ojos azules, que subía inocentes vídeos en los que se probaba ropa de colores pastel, abría cajas con regalos que le enviaban distintas marcas o comía dulces que le resultaban exóticos por ser, sencillamente, de algún país asiático. Y gracias a esa difusa línea de Internet, en la que a menudo eres incapaz de discernir si estás viendo un contenido erótico o familiar (o, quizás, las dos cosas al mismo tiempo), la comunidad que seguía a Marina Joyce era heterogénea y sorprendente: desde niñas pequeñas que querían lucir los mismos vestidos rosas que lucía Joyce hasta señores calvos de cincuenta y muchos años que, seguramente, se masturbaban con los vídeos en los que aparecía comiendo helado.

El descontento

Este es el inicio de la novela de Beatriz Serrano. La protagonista, Marisa, se siente identificada con el caso real de esta youtuber, Marina Joyce, quien en 2016 protagonizó la controversia que narra la autora: «Pienso en Marina Joyce en la fría sala de reuniones que he reservado para una llamada […] Pienso también en que si la policía llegase alertada por algún ser querido en estos momentos tampoco encontraría nada sospechoso.» ¿Qué hay detrás de Marina Joyce?

Marina Joyce

Y, sobre todo, ¿qué hay detrás de Marisa (Joyce)? «La chica que un día parecía divertirse tras la pantalla hoy parece adormecida, atolondrada e incluso drogada.

En este caso no se equivocarían en ninguno de los tres supuestos».

Beatriz Serrano narra desde la primera persona la vida de Marisa, una mujer atrapada entre ansiolíticos y vídeos de Youtube, asfixiada en un trabajo rutinario y vacío en una agencia de publicidad. La autora pretende a través de su protagonista implicarnos en esa lucha por la supervivencia y contra el desencanto que puede ser la vida, la vida de los tiempos modernos.

La escritora nos da muchas pistas de este inicio en el programa de RTVE Página Dos

Beatriz Serrano junto a Óscar López en el programa Página Dos

¿Estáis de acuerdo con la autora?

El descontento, de Beatriz Serrano

El 5 de mayo de 2026 en 4 Lecturas 4 Continentes por | Sin comentarios

El club de lectura 4 lecturas 4 continentes continúa su ciclo «Tiempos modernos» con El descontento, la aclamada novela de la escritora y periodista Beatriz Serrano. Con una voz irónica, ácida y muy actual, Serrano retrata el malestar silencioso de la vida contemporánea: el mundo del trabajo, la precariedad emocional, la autoexigencia y la sensación de no estar nunca del todo a gusto con lo que se vive.

El descontento es una novela generacional, lúcida y provocadora, que conecta con las inquietudes de nuestro tiempo y plantea preguntas incómodas sobre el éxito, la felicidad y la identidad personal. A lo largo de tres semanas, los participantes del club comentarán distintos aspectos de la obra en el blog, compartiendo lecturas, reflexiones y puntos de vista.

El club culminará con un encuentro en línea con la escritora y los lectores del club, una oportunidad única para dialogar en torno a la novela y profundizar en sus temas. El libro está disponible en formato digital en la biblioteca electrónica del Instituto Cervantes. Te invitamos a sumarte a la lectura y a la conversación.

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