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Blog del Instituto Cervantes de Estambul

Biblioteca Álvaro Mutis

La técnica Travis

El 3 de abril de 2026 en 4 Lecturas 4 Continentes por | Sin comentarios
Juan Tallón, en la librería Lectocosmos de Lugo. SEBAS SENANDE

Travis se vuelve con discreción para ver el panorama. Cruza una mirada con el de la camiseta de Pink Floyd. Se sonríen mutuamente.

  • Tú qué dices, ¿que nos llegan o que no? – le pregunta por sorpresa a Travis.
  • Si os bebéis seis latas cada uno, os podéis ir a casa satisfechos con el trabajo hecho.
  • ¿Ves? Este señor sabe de qué habla.

Travis sonríe con desafecto. Tiene treinta y cinco años y le llaman señor.

(Mil cosas)

La técnica Travis hace referencia a Mark W. Travis y consiste en descubrir al personaje desde dentro sin hacer prevalecer las ideas del escritor (o actor, o director). Es el personaje el que se apodera de la trama y no tanto la intencionalidad del creador la que se impone desde afuera. Así nos lo cuenta Eduardo Said en esta entrevista:

Los protagonistas de la novela de Tallón son la pareja formada por Travis y Anne y su hijo Iván. Desde el inicio del relato nos llama la atención el nombre de los personajes del matrimonio, como si quisieran representar algo que se desajusta respecto al contexto en el que se mueven, de hecho parece que importa más lo que los personajes arrastran con su acción que el propio transcurrir de los acontecimientos. En el fondo todo lo que sucede es algo de lo más cotidiano. Pero como el propio Tallón le dice a Óscar López en la entrevista del programa Página Dos, cuando nos detenemos a observar durante un tiempo eso que nos parece tan normal y nos quedamos ahí mirando un buen rato descubrimos que se acaba convirtiendo en monstruoso.

En el artículo “Entre mil cosas y la tiranía de la novedad” de Miguel Ángel Hernández para Zenda se desvela lo que siente el lector, lo que convierte a la novela en un espejo de nuestras propias vidas: “Te ríes a carcajadas y tienes que parar cada pocas páginas para decir en voz alta: «es que es la puta verdad». El mundo real. El mundo precario del presente. Por alguna razón, no puedes evitar compararlo con la serie Poquita fe. Es ese tipo de humor que está en el límite de la tragedia cotidiana. El desastre nuestro de todos los días.”:

Uno acaba por pensar leyendo Mil cosas que nuestra propia vida se define por la técnica Travis, pero como en las novelas de Tallón y en la Fenomenología del espíritu, las cosas no son lo que parecen…

… aunque sólo a través de lo que parecen se sabe lo que las cosas son.

No dejéis de leer a Tallón.

Aquellas pequeñas (mil) cosas

El 30 de marzo de 2026 en 4 Lecturas 4 Continentes por | Sin comentarios
Pale Blue Dot

Decisiones insignificantes se agrandan cuando se pierden de vista, por el efecto de la mala suerte, y al cabo del tiempo acaban por ocasionar molestias enormes. Las cosas pequeñas no son nada, y de golpe se vuelven notables. Es la historia de casi todas las vidas. Cuando te das cuenta de que a menudo un pequeño cambio no se conforma con ser eso, modesto y solitario, es tarde y ya solo te queda hacerte a un lado para que no te pase por encima una tromba de vicisitudes.

(Mil cosas)

Esos pañales que Travis busca pasadas las diez de la noche ponen en marcha el reloj de precisión de MIl cosas. En la obra de Juan Tallón, este mecanismo contador de tiempo se nos aparece casi de manera obsesiva: aquel padre especialista en relojería de uno de los amigos de Rewind o ese Omega que pasa de generación en generación en El mejor del mundo hasta convertirlo casi en objeto mágico de aparición desaparición en nuestras Mil cosas, en ese regalo que van a hacer a una amiga de la madre de Anne -que no usa relojes y que se pregunta al recibir el regalo «¿Para qué sirve?». Pero no vayan a preguntarle a Tallón. En una estupenda entrevista que realizó para la revista Jotdown afirmaba que «Me cuesta distinguir lo que me invento de lo que no. Podría ser un deterioro cognitivo.».

Esos pañales, esa nevera iluminada que anuncia casi la trascendencia: «pasan volando los años, se suceden las noches y <<¿Qué hay de cena hoy>>», esa ensaladilla que vuelve a comprar al supermercado, la multa en el parabrisas, ese reloj no deseado o el «Iván está sudando. Pero quién no suda hoy». La vida parece que se construye a través de las cosas, como un manual de instrucciones de uso. Quizá como ya la anticipó Perec:

Tallón acelera el mundo que anticipaba Perec a los mandos del Mitsubishi Lancer de su escritura, pero tal vez sea que nunca nos paramos a pensar en las pequeñas cosas, que no nos dejamos descansar en ese ritmo frenético de lo cotidiano, en esa aventura diaria de la cotidianidad que, sin embargo, nos construye como seres humanos, pero sin más, como por azar, como el autor afirma «no hay planes maestros, solo casualidades», aunque estén construidas con precisión de relojero. Porque en el fondo sólo somos la infinitésima parte de una mota de polvo suspendida en un rayo del sol:

Pero nosotros seguimos preocupados en encontrar los pañales. ¿Qué nos querrá contar Tallón entre tantas cosas?

La velocidad de la vida moderna

El 25 de marzo de 2026 en 4 Lecturas 4 Continentes por | Sin comentarios
Juan Tallón, autor de la novela Mil cosas (Anagrama).Laura Ortega. Diario Público

-La vida moderna -empezó de nuevo Amory- ya no cambia cada siglo sino cada año, diez veces más deprisa que antes: la población se duplica, las civilizaciones se unen más íntimamente con otras civilizaciones, la interdependencia económica… y estamos perdiendo el tiempo. Yo creo que tenemos que ir todavía más deprisa -acentuó ligeramente sus últimas palabras hasta tal punto que el chófer inconscientemente incrementó la velocidad del coche.

(Francis Scott Fitzgerald, A este lado del paraíso)

En el umbral de la novela, Juan Tallón elige esta cita para acogernos, para darnos acceso y habilitarnos como lectores a entender qué ocurrirá en Mil cosas. Además, como si de un anfitrión clarividente fuera nos da paso a este nuevo ciclo del 4L/4C, y nos deja preguntándonos, ¿en qué consistirá ahora la vida moderna? ¿Qué son los Tiempos Modernos?

Enrique Mariño, en la entrevista que le realizó al autor para el Diario Público nos explica a las claras las intenciones de Tallón: «se ha propuesto contarlo todo hablando de nada. La existencia que nos atropella. Mil cosas: la rutina, el estrés, la burocracia, lo imprevisto, la ansiedad. Un trabajo que nos consume. El anzuelo de las pantallas. Las vacaciones que no llegan. Travis y Anne, una pareja como otra cualquiera.»

La novela es un vértigo del que -como estaréis comprobando- no podemos salir, es una centrifugadora de la que los personajes no pueden escapar, es un ritmo en aceleración constante: «Deja de acelerar, pisa el embrague, toca levemente el freno y se sube a la acera con un volantazo. Ni reduce a segunda». El lector y los personajes viven en este ahogo imparable.

El propio Tallón desvela este escenario en la entrevista mencionada: «Ahogarse en un vaso de agua es una acción profundamente humana. Sentir que una situación te supera y que no tienes herramientas para gestionar esa dificultad nos pasa a todos y, sobre todo, a las sociedades contemporáneas. Pese a tener las mejores condiciones de vida de la historia, sentimos una insatisfacción y un malestar como nunca antes. Nada parece colmar nuestra expectativa.»

Y así se abre el relato:

No hay mejor bandera para izar cuando se habla de una novela que la que descubre Andrés Toribio en su crítica de la novela para El País: «Total, que al terminar tienes que empezar de nuevo, y qué bien.»

Bienvenidos a Tallón.

Mil cosas, de Juan Tallón

El 21 de marzo de 2026 en 4 Lecturas 4 Continentes por | Sin comentarios

Iniciamos el debate de Mil cosas, de Juan Tallón, primera lectura de 2026 de la sexta temporada de la actividad compartida 4 Lecturas 4 Continentes, el club de lectura virtual organizado desde las bibliotecas de los Institutos Cervantes de Chicago, Tetuán, Bruselas y Estambul. El programa de este año «Tiempos modernos» agrupa cuatro obras que reflejan aspectos sociales de la época actual

Juan Tallón (Vilardevós, Ourense, 1975) es licenciado en Filosofía, aunque siempre se ha ganado la vida con el periodismo. Es autor de varios libros en gallego, y en castellano ha publicado obras de no ficción como Libros peligrosos y Mientras haya bares, así como las novelas El váter de OnettiSalvaje oesteFin de poema; RewindObra maestraEl mejor del mundo. Su novela más reciente es Mil cosas.

Mil cosas es una novela sobre la vida absolutizada por el trabajo, las agendas ocupadas, el estrés cotidiano, la fragmentación de la atención, la velocidad de las cosas, las pequeñas tragedias y las grandes penurias a las que las metrópolis nos abocan. Una novela acelerada sobre la vida vertiginosa, apremiante, narrada como un thriller, con una tensión creciente en la que todo puede estallar de un momento a otro.

Esperamos que os apasione su lectura. Dejadnos vuestros comentarios

Encuentro con Paco Cerdà

El 17 de diciembre de 2025 en 4 Lecturas 4 Continentes por | Sin comentarios

El sábado 13 de diciembre cerramos el año del club de lectura 4 Lecturas 4 Continentes, dedicado al viaje literario, con un libro y un invitado de excepción: Presentes, de Paco Cerdà, recién galardonado con el Premio Nacional de Narrativa 2025. El autor comenzó agradeciendo la oportunidad única que ofrece este club para hablar y compartir con lectores de cuatro continentes al mismo tiempo, algo que su abuelo —tan presente en esta obra— nunca hubiera creído posible.

De la mano del moderador del club, Ángel Hernando, este premiado autor nos habló de sus orígenes como lector y del libro que lo convirtió definitivamente en uno de ellos: La tabla de Flandes de Arturo Pérez Reverte, al que llegó a partir de su interés por el ajedrez y cuya obra acabaría leyendo por completo. Especialmente emocionante fue entonces recibir el Premio Zenda la semana pasada, promovido precisamente por Pérez-Reverte, el autor que le abrió las puertas de la literatura. 

Otra de las grandes pasiones de Paco Cerdà ha sido siempre el deporte, especialmente la épica que adquiere cuando se entrelaza con la política. A ello se suman la radio y el reportaje periodístico en cualquier formato. Su gran sueño, nos confesó, era ser corresponsal en países lejanos, lo que lo llevó a estudiar Periodismo, una vocación que asegura haber sentido desde siempre. Ese impulso lo condujo a escribir su primer libro en forma de relato periodístico: Los últimos: voces de la Laponia española, un evocador retrato de la España vacía, de una despoblación que no interesa a la economía y que configura un mundo tan desconocido y exótico como Tetuán o Estambul, pero situado a apenas dos horas de la casa de cualquier ciudadano español de ciudad. Un tema al que Julio Llamazares le abrió la puerta con su novela La lluvia amarilla, novela cargada de melancolía, de la que aún recuerda el momento de terminarla como un hito vital, algo que te cambia para siempre. Aprovechamos entonces para recordar el club que celebramos con este autor el año pasado en este mismo ciclo, aunque dedicado a la Liternatura. Y es que toda la obra de Paco Cerdà bebe de la disciplina del periodismo: hechos verídicos y rigor en las fuentes de información. Sin embargo, el autor aseguró que la carrera no ha sido su mayor fuente de aprendizaje, sino los libros y las lecturas que lo han acompañado desde La tabla de Flandes, y defendió que el mejor taller literario y la mejor formación para un escritor es un carné de biblioteca.

Paco Cerdà en el encuentro con los lectores del 4 Lecturas 4 Continentes

Un máster en Estudios de Asia Oriental le permitió cumplir ese sueño de reportero internacional al cubrir los Juegos Olímpicos de Tokio, y le dejó una frase que aplica en todas sus obras: «lo fuerte es débil y lo débil es fuerte». Una máxima que lo lleva a escribir desde los márgenes, a dar la palabra a quienes no la tienen, a tener en cuenta a las minorías y a abordar temas que duelen. El compromiso con los desfavorecidos —decía— es una tendencia natural en él: quien sueña con cambiar el mundo se fija en esas miradas. La concesión de un premio de la ONCE en 2015, así como la respuesta de sus lectores, permitió constatar ese compromiso. Los premios, aseguraba, ayudan a los escritores a ser mejores, pero no solo a ellos, sino a todos los grandes profesionales: todo el mundo debería recibir un premio alguna vez en su vida.

Otro círculo se cerró con El peón, un libro que no tuvo mucha fortuna al publicarse pocos meses antes de la llegada de la pandemia, sin posibilidad de promoción presencial y con las librerías cerradas. La obra, sin embargo, se recuperó al calor del éxito de Gambito de dama, al compartir con la serie el trasfondo del ajedrez, otra de sus grandes pasiones. El germen del libro se encuentra en una historia que descubrió por casualidad en el documental Arturo Pomar: El cartero genial, y que le fascinó de inmediato: un régimen totalitario explotando a un individuo pequeño y vulnerable, y la épica del deporte. El libro se articula en 77 fragmentos, tantos como movimientos tuvo la partida que disputaron Pomar y Bobby Fischer, su gran contrincante estadounidense, entrelazadas con la vida de otros 77 peones sin nombre, sin los cuales no se puede entender la historia, en un año tan significativo para los derechos de las mujeres y de las minorías como fue 1962. Sobre una posible versión cinematográfica del libro no adelantó nada, aunque sí recomendó la lectura del artículo de El País: «Yo, peón» de Woody Allen.

14 de abril, penúltima obra del autor y ganadora del II Premio de No Ficción Libros del Asteroide, dialoga conSon dos libros que se complementan: el primero encarna la alegría y la ilusión; el segundo, la dura realidad de cómo terminó aquella utopía. Un delirio imperial hecho de cartillas de racionamiento y pan negro, y de una propaganda que encharcaba los periódicos, frente a la dignidad silenciosa de los disidentes. Quizá hoy, más que nunca, resulte imprescindible su lectura, como reflexión sobre una época que no podemos permitirnos ignorar. Con todo ello presente, los lectores abrieron el turno de preguntas y debate, cerrando una sesión especialmente rica y amena.

Una de las primeras cuestiones que llamó la atención de los lectores fue el propio hecho histórico que articula Presentes: el traslado de los restos de José Antonio Primo de Rivera desde Alicante hasta El Escorial. Un libro duro, tanto por lo que narra como por lo que calla, por esos silencios familiares heredados durante generaciones, que no se olvidan. El autor nos explicaba que, en efecto, este trayecto megalómano con los restos de Primo de Rivera es desconocido para gran parte de la población, algo de lo que él mismo fue consciente una vez terminado el libro. El propio régimen, tras el final de la Segunda Guerra Mundial, comprendió que no le convenía dar a conocer aquella desmesura: lo que en la España de 1939 podía tener un significado concreto, en 1946 ya no lo tenía, y desde los años cincuenta hasta hoy resultaba una publicidad incómoda. De ahí que muchos lectores hayamos descubierto este episodio histórico a través de Presentes. Ese era también el objetivo del autor: que quien no conociera este periplo pudiera sentirlo y trasladarse a esa prosopopeya colectiva a lo largo de casi cuatrocientas páginas.

El papel de las mujeres y el de la Iglesia en el libro ocupó también una parte destacada del debate. La presencia femenina resulta especialmente relevante porque, frente a la escasez de relatos escritos sobre ellas durante la Guerra Civil, fueron quienes pagaron el precio más alto. Rescatarlas del olvido ha sido, como no podía ser de otro modo, una de las tareas asumidas por Paco Cerdà. Desde Colombia, algún lector compartió haber cantado el Cara al sol en el colegio y haber estudiado la Sección Femenina, una experiencia que sorprendió al autor, quien no imaginaba que aquel adoctrinamiento hubiera llegado tan lejos. La Sección Femenina —explicaba— funcionó como una auténtica correa de transmisión para devolver a la mujer española al ámbito doméstico, en claro contraste con la mujer europea de la época.

En cuanto a la Iglesia, el autor explicó que esta recelaba del viaje, ya que el discurso falangista operaba como una religión política, que alcanzaba su máxima expresión en los llamados doce mandamientos paganos, algo que resultaba profundamente incómodo para la institución eclesiástica, junto a la divinización de José Antonio Primo de Rivera. Al mismo tiempo, la Falange proponía la separación entre Estado y religión, lo que llevó a la Iglesia a asegurarse una presencia constante durante el recorrido fúnebre, con cruces, clero y representación religiosa en todos los pueblos por los que fue recalando aquel cortejo en el frío noviembre de 1939.

Y es que la Falange dio para mucho, como señalaron varios lectores desde distintas experiencias y preocupaciones: tanto por recuerdos personales como por el riesgo que podía suponer su ensalzamiento. El escritor explicó que la Falange que el franquismo terminó inculcando fue la de las JONS, arropada por la Iglesia y la religión, una segunda mutación del partido fundado por José Antonio. Un artefacto ideológico bizarro y extravagante que mezclaba franquismo, requetés y carlismo, muy distinto de la idea original, en la que convivían postulados tan contradictorios como la defensa de la no violencia, la ruptura de las urnas democráticas o la nacionalización de la banca, propios de los ideales maximalistas y seductores de los años treinta. Franco supo aprovechar la figura de José Antonio para convertir la Falange en un instrumento útil, aunque vaciado de su contenido ideológico inicial, y así perpetuarse en el poder. El libro pone de relieve, precisamente, el contraste entre esos ideales y la realidad de los exiliados y los fusilados, uno de los ejes más conmovedores del relato.

Otra lectora quiso ensalzar las referencias artísticas presentes a lo largo de la obra, y profundizar en las claves del libro a partir de la faceta periodística del autor y de su capacidad para manejar tantos temas y referencias, sustentados en una investigación exhaustiva, que el propio libro recoge en casi treinta páginas de fuentes al final. Paco Cerdà confesó sentirse en ese momento como un mosquito observado por un entomólogo y confirmó su gusto por las intertextualidades literarias, que considera una fuente de potencia artística y que utiliza para contextualizar épocas y momentos históricos. Todo lo que aparece en el libro —insistió— es real: no hay ficción. De ahí la abundancia de fuentes y la minuciosidad documental, un trabajo de recopilación de detalles que, en muchos casos, le ocupa más tiempo que la propia escritura. La realidad es mucho más interesante que la ficción.

El ritmo y el lenguaje de la obra suscitaron también varias preguntas entre los lectores: ¿se trata de un propósito o de una casualidad? La respuesta de Paco Cerdà fue clara: es plenamente intencionado. Nada fluye solo, afirmaba. Ese fraseo corto, la cuidada unión de palabras y la búsqueda constante de musicalidad están minuciosamente trabajados y revisados en cada corrección del libro. 

Con esta intervención cerramos una tarde magnífica junto a un escritor, periodista, deportista y músico lleno de aristas y de facetas por descubrir. Porque si leer a Paco Cerdà es una experiencia extraordinaria, escucharlo lo es también. Su mirada y su humor nos acompañará ya para siempre, sembrando un poso de esperanza en las historias que rescata y ofrece al lector al ritmo preciso de sílabas átonas.

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