
En el año 2016, la obsesión de Internet durante unos larguísimos quince minutos fue el estado físico y mental de una youtuber inglesa llamada Marina Joyce. Joyce era una especie de princesita cursi y aniñada, de largos tirabuzones rubios y enormes ojos azules, que subía inocentes vídeos en los que se probaba ropa de colores pastel, abría cajas con regalos que le enviaban distintas marcas o comía dulces que le resultaban exóticos por ser, sencillamente, de algún país asiático. Y gracias a esa difusa línea de Internet, en la que a menudo eres incapaz de discernir si estás viendo un contenido erótico o familiar (o, quizás, las dos cosas al mismo tiempo), la comunidad que seguía a Marina Joyce era heterogénea y sorprendente: desde niñas pequeñas que querían lucir los mismos vestidos rosas que lucía Joyce hasta señores calvos de cincuenta y muchos años que, seguramente, se masturbaban con los vídeos en los que aparecía comiendo helado.
El descontento
Este es el inicio de la novela de Beatriz Serrano. La protagonista, Marisa, se siente identificada con el caso real de esta youtuber, Marina Joyce, quien en 2016 protagonizó la controversia que narra la autora: «Pienso en Marina Joyce en la fría sala de reuniones que he reservado para una llamada […] Pienso también en que si la policía llegase alertada por algún ser querido en estos momentos tampoco encontraría nada sospechoso.» ¿Qué hay detrás de Marina Joyce?

Y, sobre todo, ¿qué hay detrás de Marisa (Joyce)? «La chica que un día parecía divertirse tras la pantalla hoy parece adormecida, atolondrada e incluso drogada.
En este caso no se equivocarían en ninguno de los tres supuestos».
Beatriz Serrano narra desde la primera persona la vida de Marisa, una mujer atrapada entre ansiolíticos y vídeos de Youtube, asfixiada en un trabajo rutinario y vacío en una agencia de publicidad. La autora pretende a través de su protagonista implicarnos en esa lucha por la supervivencia y contra el desencanto que puede ser la vida, la vida de los tiempos modernos.
La escritora nos da muchas pistas de este inicio en el programa de RTVE Página Dos
¿Estáis de acuerdo con la autora?

El club de lectura 4 lecturas 4 continentes continúa su ciclo «Tiempos modernos» con El descontento, la aclamada novela de la escritora y periodista Beatriz Serrano. Con una voz irónica, ácida y muy actual, Serrano retrata el malestar silencioso de la vida contemporánea: el mundo del trabajo, la precariedad emocional, la autoexigencia y la sensación de no estar nunca del todo a gusto con lo que se vive.
El descontento es una novela generacional, lúcida y provocadora, que conecta con las inquietudes de nuestro tiempo y plantea preguntas incómodas sobre el éxito, la felicidad y la identidad personal. A lo largo de tres semanas, los participantes del club comentarán distintos aspectos de la obra en el blog, compartiendo lecturas, reflexiones y puntos de vista.
El club culminará con un encuentro en línea con la escritora y los lectores del club, una oportunidad única para dialogar en torno a la novela y profundizar en sus temas. El libro está disponible en formato digital en la biblioteca electrónica del Instituto Cervantes. Te invitamos a sumarte a la lectura y a la conversación.
El sábado 11 de abril celebramos el primer club de lectura del programa 4 Lecturas 4 Continentes de 2026 con el libro de Juan Tallón: Mil cosas, un excelente ejemplo del ciclo de este año dedicado al tema Tiempos modernos.
Juan Tallón es un escritor que nos despierta y nos abre caminos. Para él, cada vez que comenzamos algo, la vida se vuelve un poco más llevadera. Nacido en una pequeña aldea gallega, muy alejado de la tecnología, encontró en la literatura su principal forma de evasión. Esta circunstancia, unida a su enamoramiento platónico de su profesora de Filosofía en el instituto, lo llevó a estudiar esta disciplina, que le permitía, además, seguir leyendo. En el documental Escribir lo imposible, Tallón cuenta cuál fue su punto de partida literario: cuatro manuscritos que guarda en un lugar secreto y que nunca publicará, pero que le sirvieron como aprendizaje para todo lo que vendría después.
El paso de la filosofía al periodismo se produjo de forma natural. Su formación le aportó herramientas de pensamiento crítico, pero encontró en la escritura periodística una vía más directa para expresarse y llegar al público. Sin embargo, el periodismo también lo condujo a un nivel de estrés difícil de sostener, y, tras una llamada del entonces ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, comenzó a escribir discursos para el Ministerio de Justicia durante el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero. Esta etapa está narrada en El váter de Onetti.
En A pregunta perfecta, Tallón parte de un hecho tan curioso como revelador: César Aira y Roberto Bolaño nunca llegaron a conocerse, a pesar de haber estado muy cerca en varias ocasiones. A partir de ese «encuentro imposible», reflexiona de forma lúcida y original sobre la literatura, el azar y la construcción de los relatos. En Salvaje Oeste, por su parte, muestra el poder como algo difuso y cotidiano, presente no solo en la política, sino también en las estructuras sociales y laborales que influyen silenciosamente en nuestras vidas. Aunque Tallón abandonara formalmente la filosofía, lo cierto es que esta sigue presente en prácticamente toda su obra literaria.
Uno de los grandes sueños de Juan Tallón era publicar en la editorial Anagrama, algo que consiguió con la novela Rewind (2019), escrita en apenas 34 días, aunque revisada durante casi un año. La novela narra la explosión de un apartamento en Lyon donde viven varios estudiantes, una tragedia que derrumba la frágil vida de sus protagonistas con la precisión de un relojero. No es casual que en muchas de sus obras aparezcan relojes y relojeros: Tallón controla la arquitectura narrativa al milímetro. En Obra maestra (2022) aborda otro hecho real, la desaparición de una gran escultura de Richard Serra del Museo Reina Sofía. La novela se construye como un puzle que reúne a los distintos implicados en el caso y permite al lector recomponer lo ocurrido. Para algunos, funciona como un homenaje a La vida instrucciones de uso, de Georges Perec. Esta obra supuso un punto de inflexión en su trayectoria y está actualmente en proceso de adaptación cinematográfica por Isaki Lacuesta. Las portadas de los libros de Tallón suelen ser especialmente sugerentes, y en esta aparece precisamente el cartel de una obra que, como se cuenta en la novela, ya no está.
El mejor del mundo (2024) parte de un elemento tan esperpéntico como fascinante: un ataúd bañado en oro promocionado por el señor Antonio Hitler Ferreiro, propietario de una funeraria en Ourense. Invitado a México para presentar su creación en una feria, una experiencia inesperada lo transforma profundamente. La novela dialoga, entre otras, con La anomalía de Hervé Le Tellier, especialmente por su manera de introducir lo extraordinario en lo cotidiano.

Los lectores del club de lectura del sábado 11 de abril se mostraron entusiasmados con Mil cosas, una novela que incita a una lectura casi compulsiva, tan acelerada como la vida de sus protagonistas. El final, inesperado y contundente, fue el gran detonante del debate: algunos confesaron haberse quedado de muy mal humor, al sentir que el escritor los hacía también responsables; otros hablaron de una profunda tristeza. Una lectora explicó que tuvo que releer la novela para descubrir cómo Tallón va anticipando sutilmente las situaciones, mientras que quienes habían consumido la obra en audiolibro o en formato electrónico confesaron haber «peleado» con el dispositivo, intentando confirmar si realmente ese era el final. Todos, salvo una persona, se sintieron identificados y golpeados por la lectura, como por un puñetazo o una bofetada literaria. Podría haber sido una novela de humor si no fuera por ese desenlace demoledor, que funciona como un reflejo de la fragilidad de la vida y de la banalidad de lo cotidiano.
Recordamos también a la recientemente galardonada con el Premio AENA, Samantha Schweblin, y el concepto de Distancia de rescate, debatido en este mismo club hace unos meses. Juan Tallón ha explicado en entrevistas que la novela nació precisamente a partir de ese final tan tremendo, construyendo hacia atrás el contexto de los personajes, con el rigor documental propio de quien fue periodista. A algunas lectoras les sorprendió un final tan radical aplicado a vidas aparentemente poco ambiciosas, lo que evitaba culpabilizarlos directamente: ¿a quién responsabilizar entonces?, ¿a la tecnología?, ¿a la actualidad?, ¿al propio ritmo de vida? Como señaló nuestro moderador, Ángel Hernando, la estrategia de Tallón es dejar al lector profundamente impactado. Frente a Fin de poema, donde los poetas se suicidan voluntariamente, bromeaba Ángel, Mil cosas nos invita a un suicidio involuntario.
Juan Tallón es también un escritor muy presente en la radio, y sus relatos, junto con las reflexiones que suscitan, nos sirvieron para detenernos y pensar en las mil cosas que nos ocupan continuamente la mente, en el aceleracionismo de nuestra vida cotidiana y en las consecuencias de vivir siempre con prisa. El tiempo se nos escapa, perdemos cosas importantes y, como concluimos ese día, necesitamos parar.
Juan Tallón no apareció finalmente en el club de lectura. La situación, casi metaliteraria, nos llevó a preguntarnos si se le habría olvidado ponerse el reloj —tan presente en sus libros— o si tendría más de mil cosas en la cabeza, pero lo que pasó es que le surgió una situación sobrevenida que le impidió estar con los lectores esa tarde. En cualquier caso, sus libros, la magnífica moderación de Ángel Hernando y el debate entre los lectores estuvieron una vez más a la altura —o incluso superaron— nuestras expectativas en este club de lectura virtual. ¡Volvemos en junio!

Nada de esto es importante. Estamos perdiendo el tiempo.
(Distancia de rescate, Samanta Schweblin)
Estamos a una jornada de encontrarnos con Tallón y nos apresuramos a finalizar todo lo que tenemos entre manos: nuestro día de trabajo, la carta que no llevamos a Correos -si todavía hay alguien que escribe y manda cartas-, el regalo que debemos comprar para la fiesta de cumpleaños del amigo de nuestro hijo, la escritura de una entrada de un blog literario, las últimas páginas de Mil cosas, …
No sabemos parar. ¿Por qué? Casi como si nos pasaran desapercibidas, las cubiertas del libro en la edición de Anagrama nos ofrecen un elemento más en esa búsqueda que nos propone el escritor: Eva Mutter ha creado una ilustración premonitoria a partir de una idea de Juan Tallón, tal y como se nos explica en los créditos del libro. Estas pequeñas figuras humanas caminando ensimismadas en su propio hacer algo. ¿Hacia dónde se dirigen? Bill Viola los ha seguido y parece que comienzan a acelerar su marcha:
Todo parece sumergirse en algunas referencias literarias que van apareciendo como si nada tuvieran que ver con lo que a Travis y a Anne les sucede y que, no obstante, van construyendo de manera natural la estructura de un relato y quizá proporcionando la clave del libro. No es, por tanto, gratuita la referencia a Eloy Tizón y su habilidad para contar la deshumanización de lo cotidiano.
Sin apenas percibirlo nos movemos como en la novela mencionada de Hans von Trotha, El brazo de Pollock, entre la civilización y la barbarie. Si caemos en la cuenta es Anne quien nos conduce a través de este hilo literario. Es ella la que menciona los libros y los autores, la que nos acerca a Azul casi transparente, de Ryu Murakami donde los protagonistas, unos chicos y chicas -jovencísimos- viven sus vidas sin pasión ni placer en un camino que parece conducirlos hacia la autodestrucción, algo así como parece que les sucede a Anne y Travis. Irvine Welsh o Julian Barnes aparecen como hitos referenciales en el desvelamiento de la trama.
Travis se referirá únicamente a El jardinero fiel, de John Le Carré, esa novela en la que la intriga nos va mostrando quién ha sido el verdadero asesino de la mujer del protagonista. Tallón parece entender precisamente quién es el responsable de que nuestra alma se nos vaya por los sumideros de la ciudad sin hacer nada por evitarlo.
En esta entrevista con Berna González Harbour las referencias literarias de Mil cosas se multiplican y nos obligan a volver una y otra vez a las páginas del libro:
Sin embargo, el libro llega a su fin y los protagonistas parece que no han sido capaces de establecer esa «distancia variabe que [les] separa de [su] hij[o] […] un hilo invisible que [les] une». ¿Cuál es la distancia que nos permitirá el rescate de nuestros hijos ¿Cuánto tardaríamos en salvarnos ante la amenaza de cualquier peligro? Como en el libro Distancia de rescate de la galardonada Schweblin sabemos que para Travis y Anne (como para todos nosotros) «tarde o temprano algo malo va a suceder». Y si no, que se lo pregunten a la última imagen de esta serie:

Para descubrir aún más no os perdáis mañana a Tallón.

No es sorprendente que sientan ansiedad, depresión o falta de esperanza quienes viven en estas condiciones, con horas de trabajo y términos de pago que pueden variar de modo infinito, en condiciones de empleo terriblemente tenues. Sin embargo, puede llamar la atención, a primera vista, que se logre persuadir a tantos trabajadores de que acepten este deterioro en las condiciones de trabajo como «naturales», y que se ponga el foco en su interioridad (ya sea en las características de su química cerebral o en la de su historia personal) para encontrar las fuentes del estrés que puedan sentir.
(Mark Fisher, Realismo capitalista. ¿No hay alternativa?)
Mil cosas es una novela que paradójicamente comenzamos a leer cuando la historia termina. Como muchos de los críticos señalan el punto y final te lleva inevitablemente a volver al inicio, así Andrea Toribio en su crítica para El País apunta a dos motivos que, sin duda, es la mejor propaganda para un libro: «la primera porque cuando el libro se acaba, hay que volver al principio por un motivo que no desvelaré y que tiene que ver con la literatura y el misterio; la segunda, porque una novela de trama en apariencia lineal cambia de idea en su última página para llamar la atención sobre su estructura formal, una configuración que con el punto final altera su aspecto. Total, que al terminar tienes que empezar de nuevo, y qué bien.».
Sin embargo, más allá de lo puramente literario, el relato de Tallón -una vez finalizado- nos impulsa a una reflexión más profunda, más hacia las entrañas de nuestro ser en el mundo, de nuestra vida contemporánea, algo que subyace en el tema de nuestro club de 2026 y que es el espíritu de los Tiempos Modernos, algo a lo que se refiere la cita de Fisher con la que abrimos esta entrada del blog y que Tallón nos invita a plantearnos : “Todo comenzó por un final que se resume en una pregunta, ¿cómo nos pueden llegar a pasar esas cosas que, de entrada, pensábamos que nunca nos podrían pasar a nosotros?”. En esta entrevista al autor de Cecilia Casero para Vogue, la periodista abre su artículo así: «El último libro de Juan Tallón, Mil cosas (Anagrama) empieza cuando termina. Después de acabar la última página, arranca el viaje del lector hacia una zona oscura e indeterminada a la que nunca nadie quiere mirar.»
Por eso esta novela empieza precisamente cuando termina, porque a lo largo de la narración nos vemos atrapados por ese ritmo vertiginoso con el que Travis y Anne se mueven, caminamos con ellos identificados con ese estilo de vida de las grandes ciudades. En la entrevista de Casero, dice Tallón: “Yo sabía que iba a ser una novela corta y que iba a retratar un estilo de vida alienante en el que está instalada mucha gente, sobre todo en las grandes ciudades, con esa ansia de consumir y de estar haciendo todo el tiempo cosas para mantener la cabeza fuera del agua».
Y sin necesidad de llegar a conocer el final de la historia caminamos de la mano de ambos protagonistas tras la misma recompensa que les espera a ellos cuando llegue la noche: es su último día antes de las vacaciones, promesa de felicidad, una jornada muy particular: “Ese día, aunque es de mucho trabajo, también es un día feliz. Porque todos sabemos que en cuanto llegue la hora de salida comienza un período efervescente de descanso, de hacer cosas que te apetecen. Y quizás el mejor día de las vacaciones es el de antes de tomarlas: están por venir, no se han desgastado. El segundo día de vacaciones ya se te han ido dos. Pero en las vísperas están impolutas”, nos cuenta Tallón.
Pero en esa calma habitual de la vida corriente de las grandes urbes en la que lo importante queda oscurecido y negado por la urgencia, cuando cerramos el libro, es donde comienza la novela, una historia que no hace falta contar y que ni siquiera hace falta escribir.
Mark Fisher en su libro Realismo capitalista. ¿No hay alternativa? ilustra con una película cuáles son estos tiempos de las infinitas cosas que habitamos: «Un muchacho me dijo una vez, explica Neil McCauley, jefe del crimen organizado en el film Fuego contra fuego de Michael Mann (1995), no te comprometas con nada que no puedas sacarte de encima en treinta segundos si ves que la cosa viene mal doblando la esquina.» La escena completa es un duelo de maestros entre Pacino y De Niro y el momento concreto está hacia el minuto 2:
El eslogan es: «No hay largo plazo». Y eso -cuando llegamos al final- es monstruoso, ¿verdad?
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