
La familia entre mis piernas sangrantes. Como en una sala clandestina de apuestas o de riñas de gallos en los páramos mexicanos. Por lo bajo decían que saldría algo extraño, nadie se atrevía a decir deforme. Todos expectantes al latido, el primero, el segundo, a que tuviera todos los miembros y una cabeza proporcionada. Todos atentos al color de la piel porque mucho universalismo pero para los de enfrente. Ya en la cama vi a mi suegra inclinarse sobre las cunas transparentes, mirar a los idénticos y babear.
(Perder el juicio)
Es el nacimiento de J. y de E. narrado desde la voz interior de su madre. Solo al final de la novela descubriremos sus nombres. Los mellizos de la familia Fournier. Ariana Harwicz nos conduce en un relato vertiginoso y sobrecogedor al abismo de las relaciones familiares. Una madre que avanza con dificultades en la separación y alejamiento de sus hijos. Un padre ausente y a la vez controlador y violento. Unos suegros que fiscalizan a la novia, a la madre. Un choque cultural que es como una brecha que sus protagonistas son incapaces de cerrar.
«La maternidad fue un arma contra las cuatro mujeres a las que está dedicado el libro: una murió por querer ser madre, otra fue asesinada tras serlo, hay una a la que la justicia la obligó a separarse de su bebé. Hay una mujer más en esa dedicatoria: una abogada que batalla contra jueces y leyes. Se llama Lisa, como la protagonista de la novela. Cualquier parecido con la realidad es intencional.» (Débora CAMPOS, «Ella, la peor de todas«, en Clarín, 19 de julio de 2024).
Como bien señala Débora Campos en su artículo, Lisa Trejman dialogaría con las mujeres de la Trilogía de la pasión, las tres novelas publicadas por Harwicz (Matate, amor; La débil mental y Precoz). Son «madres hartas, solas, marginales, desposeídas, extranjeras». La propia autora reflexiona sobre el vínculo entre sus obras: «Creo que es inevitable pensar que todos estos libros siguen siendo una gran familia más allá de la definición de trilogía. Pueden funcionar como medio hermanos o primos lejanos, pero están vinculados por varias cosas que saltan a la vista: la radicalidad o por la búsqueda por experimentar con esas palabras que aparecen como desacomodadas dentro del orden.».
Y por encima de todas relaciones en el seno de la familia aparece la maternidad. Este el eje conductor de la carrera literaria de la autora, como ella misma afirma: «péndulo perfecto entre la angustia y la felicidad, la locura y la razón, el sentido y el sinsentido, la posibilidad de ser violenta y de no serlo». Esta es la reflexión que hace tras la publicación de su primera novela, Matate, amor:
Sin embargo, la maternidad y la familia no agotan el complejo mundo de referencias interrelacionadas que aparecen en la novela. Lisa es una madre argentina viviendo en un país extranjero. Ella es acusada y despojada de la custodia de sus hijos. Es una judía cuya familia política, en un contexto supuestamente progresista, intenta denostar y ridiculizar. Lo distinto, lo diferente, sobre todo si va unido a la carencia económica, nos parece exótico, pero únicamente cuando no vive en la casa de enfrente o cuando es la mujer de nuestro hijo. La novela, en definitiva, es una carga de profundidad contra la hipocresía de la sociedad burguesa y sus nobles valores liberales.
Quizá esto y muchos detalles ya los estáis descubriendo y seguro que os gustaría compartirlos.
Le preguntaron a asesinos seriales qué habían sentido la primera vez, si había sido escalofriante matar. No tanto, la verdad, respondieron. Se ve en las cámaras de seguridad de los restaurantes donde van los asesinos a almorzar justo antes de arrojarse a las vías, o justo después de haber matado a un niño y envolverlo debajo de la cama de un hotel. Los mozos coinciden en que tienen apetito, se los ve ligeros y cordiales. El 99 % somos normales, dicen los parricidas, es solo un 1 % la diferencia, solo eso es lo que nos separa de los criminales.
(Perder el juicio)
Ariana Hardwicz nos introduce en el relato de Perder el juicio a través del pensamiento de Lisa, la protagonista de la novela, mientras mastica chicle y merodea por el Auchan esperando encontrarse con sus hijos. La autora nos sitúa en la trama in media res, cuando ya han sucedido algunos de los acontecimientos claves de la novela y que los lectores irán descubriendo progresivamente. Es la historia personal de una mujer contada por ella misma. Según Marta Peirano en la reseña que realizó del libro para el periódico El País, el hecho de que sea precisamente ese su género parece que hiciera sospechoso todo lo que cuenta, poco creíble: «Cuando es una mujer, sin embargo, basta con que describa con precisión lo que le está pasando para provocar desconfianza. Nadie cree las cosas que le pasan a la mujer.»
Para entender mejor esta idea y comprender las inquietudes que azotan a Lisa quizá sea bueno escuchar a la propia autora desentrañar los sentidos del título en el comienzo de esta presentación:
Estamos, sin duda, ante una novela inquietante, incómoda, por momentos difícil de asumir, y que recrea nuevamente todo el universo narrativo de Harwicz, esa forma de contar que ya desde su primera novela, Matate, amor (2012), había sido capaz de mostrar la violencia que se esconde en lo más cotidiano: «Con todo, su crudeza no cae ni en el maniqueísmo ni en la inverosimilitud, sino que está puesta al servicio de una trama en que la radicalidad del dolor y la violencia nos muestran que los elementos más cotidianos de una vida pueden ser, también, los más hostiles.» (Joaquín CASTILLO, «Un desquicio poco maternal», El País -edición para Chile).
Contadnos desde vuestras lecturas cómo veis el universo Harwicz.

El club de lectura 4 lecturas 4 continentes vuelve tras el verano en el tercer encuentro de su ciclo «Tiempos modernos» con Perder el juicio, la novela de la escritora argentina Ariana Harwicz. El frenesí de la vida contemporánea se va desvelando en un relato fiel heredero de esa tradición de escritoras argentinas de terror feminista, materno y medioambiental a la que pertenecen Samantha Schweblin, Mariana Enríquez, Dolores Reyes y, por supuesto, Ariana Harwicz.
Perder el juicio es el relato de una huida, de una separación, de un rapto, de una crítica familiar contado desde el lenguaje del deseo y la desesperación. A lo largo de tres semanas, los participantes del club comentarán distintos aspectos de la obra en el blog, compartiendo lecturas, reflexiones y puntos de vista.
El club culminará con un encuentro en línea con la escritora y los lectores del club, una oportunidad única para dialogar en torno a la novela y profundizar en sus temas. El libro está disponible en formato digital en la biblioteca electrónica del Instituto Cervantes. Te invitamos a sumarte a la lectura y a la conversación.

«Una mañana de hace veinte años estaba en mi oficina, en la embajada de México en Irlanda, cuando recibí una llamada de Madrid. Álex Martínez Roig, que entonces era el director de El país semanal, me pidió un artículo sobre mi lugar de nacimiento, un cafetal perdido en la selva, en el corazón de Veracruz (México), del que él tenía noticia porque un amigo suyo, Sergi Pàmies, lo había leído en la ficha biográfica que sale en la solapa de mis libros, y le había llamado para decirle: a ti que te gustan las historias raras, no te pierdas esta.
La historia no era tan rara, pero se había contado poco: una familia de catalanes que pierde la Guerra Civil y se exilia en Veracruz, donde funda una plantación de café, en medio de la selva mexicana, en la que se habla en catalán, para asombro de los vecinos que, a su vez, hablan en nahua y en totonakú.
Yo nací en ese cafetal y, a pesar de que había escrito ya cuatro novelas, nunca me había planteado utilizar aquel territorio fastuoso para una historia, seguramente por la excesiva cercanía, porque ese lugar del mundo es parte indisociable de lo que soy y me hacía falta afinar la perspectiva.» (Jordi SOLER, «He venido a hablar de mi libro: Jordi Soler», en El Periódico, 1 de septiembre de 2022)
La Portuguesa es el lugar al que se refiere Jordi Soler en este artículo, en el que cuenta el germen de su novela Los rojos de ultramar (2004) y con este descubrimiento desvela su lugar de nacimiento y asimismo la apropiación de un territorio literario que a partir de ese momento constituirá su propio Macondo o Comala, ese punto geográfico en la selva mexicana donde habitarán los personajes de La última hora del último día (2007), La fiesta del oso (2009), Usos rudimentarios de la selva (2018) Los hijos del volcán (2022) o En el reino del toro sagrado (2024).
Escritor, ensayista, traductor, locutor, y muchas facetas más que conoceremos mañana con detalle en el encuentro que tendremos con él en nuestro 4 Lecturas 4 Continentes. Os dejamos esta entrevista para acercaros a su universo literario:
«La historia de Los rojos de ultramar empieza en España, sigue en Francia y cruza el mar para instalarse en la selva de Veracruz, en ese territorio literario, fundado encima de un territorio físico, que he visitado durante muchos años a lo largo de la escritura de mis novelas. También he escrito historias que suceden en otros lugares, en Dublín o en Barcelona, en la Ciudad de México o en los Estados Unidos del siglo XIX, pero siempre regreso a La portuguesa, porque soy de ahí y también porque es la única forma que tengo de preservar aquel territorio físico que ya no existe» (Jordi SOLER, «He venido a hablar de mi libro: Jordi Soler»).
Mañana sucederá también en Chicago, Estambul, Tetuán y Bruselas, y en esos otros lugares reales o imaginarios que habitan las lectoras y lectores de nuestro 4L/4C. ¡No os lo perdáis!
Lo primero que hizo al levantarse fue quedarse boquiabierto, la playa de Argelès-sur-Mer era mucho más grande de lo que había calculado y había cuerpos tirados y personas deambulando hasta donde alcanzaba la vista. […] La población de la playa era un muestrario de las fuerzas de la república, había soldados, carabineros, guardias de asalto, artilleros, mossos d’esquadra, escoltas presidenciales, marinos, aviadores, cerca de cien mil personas que nos habíamos quedado, de un día para otro, sin país, dice Arcadi en las cintas de La Portuguesa. (Los rojos de ultramar)

Jordi Soler se introduce en la cabeza de su abuelo Francesc (Arcadi, en la novela) para describir con detalle los acontecimientos que éste le fue relatando y la descripción fidedigna de aquello que ocurrió en el campo de concentración de Argèles-sur-Mer: “Para los refugiados españoles en Francia había dos tipos de campos: centros de alojamiento para la población civil y campos de internamiento para los militares y personas “peligrosas”. Los centros de alojamiento tenían un aspecto más humano (aunque las condiciones de vida allí tampoco eran buenas) comparado con las condiciones en que tuvieron que vivir los milicianos en los campos de concentración.” (KORHONEN, Ella, La Guerra Civil y el Franquismo en la novela española actual. Curso de literatura española contemporánea, blog, 26 de noviembre de 2017).
En la novela de Jordi Soler, Los rojos de ultramar, el protagonista, Arcadi, también acaba en un campo de concentración. El narrador une ficción y realidad para describir con verosimilitud las peripecias de Arcadi y de otros personajes, en el marco de una historia verdadera, la contenida en las 120 páginas de las memorias que Francesc entregó a su nieto.
Arcadi lucha con el bando republicano en Barcelona, pero en febrero de 1939 la amenaza de las tropas de Franco le obliga huir a Francia con el fin de buscar posteriormente refugio en México. Confiando en que las autoridades francesas están a su lado, él deja que le trasladen a Argelès-sur-Mer donde descubre la horrorosa realidad de los campos de concentración.
“El primer campo creado para los milicianos republicanos españoles fue Argelès-sur-Mer en 1 de febrero 1939, en que también acabó Arcadi. Ya un mes después de la apertura del campo de concentración de Argelès, su población constaba de 77 000 internados. Las condiciones en que tenían que vivir eran inhumanos. No tenían nada, solo guardias y alambradas para vigilar a ellos, para evitar que se escapasen.” (Korhonen)

Arcadi pasaría más de un año en esa playa de Argelès antes de que Luis Rodríguez, el embajador mexicano en Francia, logrará sacarlo de allí al igual que a otros republicanos españoles que recibieron el apoyo expreso del presidente de México, Lázaro Cárdenas.
El siguiente reportaje es una ilustración gráfica de lo que nuestra imaginación está viviendo en esa terrible playa francesa que nos dibuja Soler en Los rojos de ultramar. Está en catalán (se pueden encontrar versiones con subtítulos en español), pero las imágenes reflejan tan bien el eco de la historia de Arcadi que se traspasan todas las fronteras idiomáticas:
“Desde que trabajaba en la recolección de datos sobre su vida en Argèles-sur-Mer, comencé a pensar que su idea de que la guerra la había peleado otro, que otro había sido el republicano y el artillero, era un asunto serio” (Los rojos de ultramar).
¿Qué guerra pensáis, lectores, que había peleado Arcadi?
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