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Blog del Instituto Cervantes de Estambul

Biblioteca Álvaro Mutis

Religión y poder

A su llegada a Estambul, los sefardíes se adaptaron a una estructura político-administrativa pactada entre el sultán y los líderes de las comunidades judías romaniotas que sería conocido como el Millet: según este y a cambio del pago de impuestos, el soberano otomano toleraba la existencia del judaísmo y de un sistema de poder interno. Para consensuar la política comunitaria frente al sultán, organizaban un Beth Din (consejo religioso) formado por cinco rabinos cuyo líder era el Haham Bashi (significa Gran Rabino) que recibía el apoyo de un consejo ejecutivo laico de 14 miembros para asuntos mundanos.

El sistema del Millet permitía una cierta autonomía para las diferentes comunidades religiosas del Imperio Otomano.

Imitando la estructuración romaniota en kaal (cuyo centro era la sinagoga) los sefardíes aceptaron las primeras décadas la preeminencia de estos judíos griegos, sin embargo, su estatus libre de kendi gelen les daba una mayor autonomía frente al poder otomano, de ahí que en el siglo XVI comenzaran a disputarles el liderazgo. Miembros de la Corte del sultán como Yosef Nasi o Salomón ibn Yaes (1520-1603) fueron instrumentales en ese cambio; luego para finales del siglo XVII los sefardíes ya dominaban demográficamente la ciudad de Estambul.

El asunto del pseudo-profeta Zevi en 1666 dividió a la comunidad sefardí, así como levantó suspicacias hacia ellos en el entorno del sultán, por lo que el poder del Millet se inclinó nuevamente hacia los rabinos conservadores. La familia Carmona, banqueros de los jenízaros a comienzos del siglo XIX, y los Camondo, prestamistas del sultán después, devolvieron una cierta influencia a la comunidad judía.

                La desconfianza otomana hacia griegos y armenios facilitó la entrada de judíos en el funcionariado otomano, en su mayoría desligados del mundo religioso, lo que con la voluntad de limitar las atribuciones del Millet en 1856 conllevó un cambio en la misma organización interna de las comunidades. En vísperas de la Primera Guerra Mundial, un sefardí comentaría ante la nueva luna de miel entre el poder turco y el judío: «La clase dirigente de Turquía recuerda a un hombre voraz (…) empezó por devorar a los armenios, luego les tocó a los griegos, y después, uno de estos días, nos tocará a nosotros».

El caso Zevi (1666) és un ejemplo de que religión
siempre va ligada a la política.

La justicia

Una de las especificidades del sistema Millet era que, a falta de un Registro Civil moderno y de un personal adecuado, el sultán delegaba a menudo el ejercicio de la justicia en las comunidades religiosas del imperio; pues eran estas las que mejor conocían a sus habitantes y se responsabilizaban por estos.

La tradición y el Gran Rabino eran los máximos referentes judiciales, tras estos existía un magistrado especial judío al que se denominaba Regidor con el objetivo de impartir justicia ordinaria, así como un cuerpo policial único (el «berurei averot», originario de Cataluña) que normalmente se responsabilizaba de castigar transgresiones morales y religiosas, sobretodo el adulterio.

Como no todas las faltas podían penarse en un momento, la comunidad sefardí llegó a habilitar una de las sinagogas de Balat para que sirviera como cárcel. En las luchas entre reformistas y conservadores de mediados del siglo XIX, un tal Isaak Akrish fue excomulgado por el Gran Rabino y encerrado; en su caso, el sultán Abdulaziz intervino en la disputa y cambió su condena por un exilio a Hebrón (actual Israel).

De poder elegir, los sefardíes solían aceptar los dictámenes de sus jueces y no apelaban a tribunales islámicos; con el tiempo, pero, comenzaron a recurrir a estos para cuestiones de herencia o temas económicos, así como a los cónsules europeos cuando tenían también la nacionalidad de estos, de modo que antes de establecerse un sistema universal de justicia, la fuerza del Millet ya se había erosionado.

Tribunal judío en 1883
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